Los Genocidios en el Siglo XX a través del Cine

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9 de marzo de 2018 por difundimos

Los Genocidios en el Siglo XX a través del Cine
Curso a cargo de Andrés Vartabedian
(docente y crítico cinematográfico)
Organiza A.P.H.U.

 

Costos: Socios $1900 / No socios $2500
Días: 6,13, 20, 27 de abril, 4, 11, 18 y 25 de mayo
Horario: 19:00 a 22:00 horas
Dirección: Sede de APHU – 18 de Julio 1825 apto.401

 

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CRONOGRAMA
El curso constará de ocho encuentros, de 3 hs. de duración cada uno -entre las 19 y las 22 hs.-, los días viernes de abril y mayo, iniciándose el viernes 6 de abril.
La temática básica a abordarse en cada uno de ellos será:
  1. Concepto de genocidio: surgimiento e historia. Definiciones: jurídica y académicas. El trabajo de Raphael Lemkin.
  2. Genocidio Armenio.
  3. Shoá y genocidio gitano.
  4. Genocidio en Camboya.
  5. Genocidio en Ruanda.
  6. Genocidio en Srebrenica, Bosnia-Herzegovina.
  7. Genocidio en Darfur, Sudán.
  8. Otros casos “en cuestión”: Namibia, Ucrania, Burundi, Guatemala, Myanmar hoy. Evaluación del curso.
En cada caso, se realizará la contextualización histórica correspondiente y se abordarán determinados aspectos de los mismos a través de la visualización de fragmentos de parte de la filmografía documental y de ficción existente.
A su vez, se aportarán elementos de lenguaje audiovisual para un más eficaz tratamiento y análisis del material. Antes de cada encuentro los participantes recibirán la nómina de filmes a trabajar, para así poder decidir su visualización previa en forma completa.
Del mismo modo, se recomendarán lecturas posibles anteriores a cada encuentro y se brindará una selección de material bibliográfico y/o hemerográfico como complemento del curso.
 

Andrés Vartabedian es docente y crítico cinematográfico. Ha cursado la Licenciatura en Ciencias Históricas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República. Docente de Historia Armenia en el Colegio Nubarian de la Unión General Armenia de Beneficencia entre 2006 y 2015 y docente de Inglés en Educación Secundaria desde 1997, se ha especializado en Estudios sobre Genocidio en el Instituto Internacional para Estudios sobre Genocidio y Derechos Humanos, división del Instituto Zoryan (Toronto-Canadá) -siendo, hasta la fecha, el único uruguayo en realizar el programa universitario “Genocidio y Derechos Humanos” que organiza la institución junto a la Universidad de Toronto, y que reúne a algunos de los académicos más importantes en la materia-, y en Yad Vashem, la Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto (Jerusalén-Israel), especialmente en el área Holocausto y Educación. Ha dictado charlas y conferencias sobre genocidio en diversas instituciones del ámbito educativo, tanto público como privado, y en diversos ámbitos sociales y académicos. Es crítico cinematográfico formado en Cinemateca Uruguaya -integrante de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay- y miembro del equipo de redacción de la revista digital “Vadenuevo”. También ha estado al frente del proyecto Cine Fórum desarrollado en el Liceo N° 52 de Villa García y el Colegio Nubarian durante 10 años, y ha sido coorganizador y corresponsable de contenidos de distintos eventos culturales desarrollados en el Museo de las Migraciones, Museo de la Memoria y Cabildo de Montevideo y en el Auditorio Nacional del Sodre Dra. Adela Reta. En este 2018, será jurado de la 36ª edición del Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay que organiza Cinemateca Uruguaya.
 

FUNDAMENTACIÓN
El siglo XX ha acuñado un término que define lo atroz, la violencia absoluta, el intento de exterminar a un “otro” por el mero hecho de ser, de pertenecer a un grupo determinado: genocidio.
Cuando Raphael Lemkin lo creó, lo sucedido a los armenios dentro del Imperio Otomano pesó fuertemente en su convicción. La destrucción física de un grupo y la destrucción de sus manifestaciones culturales lo llevaron a inventar un concepto que hoy día no solo posee un valor jurídico sino que también comporta un juicio moral, algo que el propio Lemkin tuvo como objetivo.
De ahí, tal vez, es que escuchemos tanto hacer referencia a este término aplicado a variedad de fenómenos en nuestra sociedad, tanto en este tiempo histórico como en otros pretéritos. A esto se le suma el hecho de que los propios especialistas en la temática no se han puesto de acuerdo en una definición cabal de lo que debe ser considerado un genocidio, más allá de la definición existente en el ámbito de las Naciones Unidas -la única, de todos modos, con valor jurídico-, a la que se le efectúan diversos reparos, por otra parte.
A pesar de lo valioso y enriquecedor que resulta toda esta discusión en la materia, tantas divergencias y controversias en torno al tema han llevado a que el término genocidio se haya vulgarizado de tal manera que se definen como tal hechos demasiado disímiles entre sí, lo que conduce a que su utilización pierda especificidad y devenga en diversas confusiones.
Así, se ha denominado genocidio a lo vivido por armenios, judíos, gitanos, camboyanos, tutsis; a lo sucedido en América durante la conquista y colonización española y anglosajona; al Apartheid en Sudáfrica; a lo sucedido en materia de asesinatos y desapariciones forzosas durante las dictaduras latinoamericanas; a lo acontecido en la ex Yugoslavia, sobre todo en Bosnia-Herzegovina por parte de fuerzas serbias, pero no únicamente; a las sanciones impuestas por las Naciones Unidas contra Irak; a lo que el propio gobierno de ese país realizó con parte de sus ciudadanos kurdos; a lo sucedido en Chechenia con el gobierno ruso; a sucesos en el Congo, en Timor Oriental, al bombardeo de la OTAN en Kosovo, etcétera, etcétera; sin hablar de los denominados “genocidios culturales” -no contemplados en la ley- ni de la larga lista que elaboran algunos teóricos de sucesos en la historia que comprenderían este particular modo de violencia.
En el año 2003 -ya iniciado el siglo XXI-, de acuerdo a lo que muchas organizaciones internacionales, académicos en la materia, y el gobierno estadounidense han establecido, se inició en Darfur, Sudán, un nuevo genocidio -un nuevo “genocidio doméstico” como los que se han dado en el siglo anterior- por parte del gobierno de Jartum. Las cifras manejadas por los especialistas hablan de unas 400.000 personas perecidas y 2.000.000 de desplazados como consecuencia de los asesinatos, violaciones y diferentes abusos y atropellos llevados a cabo por parte de los janjaweeds (grupos paramilitares) y el gobierno sudanés.
Una vez más la “comunidad internacional”, conocedora de lo que acontecía, no logró definir las medidas necesarias para poner fin a tales actos y los acontecimientos se sucedieron por casi cuatro años.
Hoy mismo, durante el año 2017 y lo que llevamos de 2018, la palabra genocidio resuena nuevamente, vinculada a los acontecimientos que se han sucedido en Myanmar afectando a la población rohinyá de ese país. Otra vez el debate y el sufrimiento transitan en paralelo.
Por lo tanto, las evidencias dejan claro que las políticas genocidas continúan a la orden del día. Si a ello agregamos lo ya establecido, que el uso del término ha devenido en abuso y ello conduce al temor de que pierda su significación y eficacia, es que consideramos que su análisis se torna tan importante y pertinente.
El cine, otro fenómeno de especial desarrollo en el siglo XX, ha sabido abordar la temática de diversas maneras, con mayor o menor calidad, con mayor o menor equilibrio, casi desde su surgimiento. Lo han concebido sobrevivientes, descendientes de estos, o sujetos simplemente interesados en la temática; desde la ficción o el documental; desde un cine nacional, propio del lugar de los acontecimientos o desde cinematografías bien alejadas de ellos; con mayor o menor compromiso o responsabilidad.
Pero allí están los filmes para ser evaluados: documentos históricos en sí mismos, y con disímiles dosis de rigor en ese sentido, han intentado recrear hechos y circunstancias generales o sucesos muy particulares y hasta personales. El drama es el individual y el colectivo y las formas -tan trascendentes en el arte- han resultado de creatividad variada. El poder del medio, eso sí, ha podido demostrar toda su capacidad expresiva.
Manifestación artística, producto comercial, vehículo ideológico, todo ello y más es el cine. Esta temática no le es indiferente a tales condiciones, por lo que la realización de una película también varía ostensiblemente de acuerdo al lugar en el que se ponga el acento y los intereses en juego de quienes están al frente de la misma. Saber quiénes producen el objeto filme nunca es un dato menor.
En torno a la forma de representar cuestiones como éstas, ¿desde qué lugar abordarlas: Historia o Memoria? Nada sencillo de resolver. ¿Elección consciente o inconsciente?
Yosef Yerushalmi ha sostenido: un hombre al que podemos denominar “sano” es aquel que se ubica en algún punto intermedio entre el recuerdo y el olvido permanente. Entonces, ante esa “necesidad de recordar como de olvidar, ¿dónde debemos trazar la frontera? […] ¿En qué medida tenemos necesidad de la historia? ¿Y de qué clase de historia? ¿De qué deberíamos acordarnos, qué podemos autorizarnos a olvidar?”
Al trasponer esta idea desde el plano de lo individual al de lo colectivo, refiere a la memoria colectiva como “un movimiento dual de recepción y trasmisión, que se continúa alternativamente hacia el futuro”, y asociándola al concepto hebreo de halakhah, establece: “halakhah es el camino por el que se marcha […] ese conjunto de ritos y creencias que da a un pueblo el sentido de su identidad y de su destino. Del pasado sólo se trasmiten los episodios que se juzgan ejemplares o edificantes para la halakhah de un pueblo tal como se la vive en el presente. El resto de la historia -arriesguemos la imagen- va a dar a la zanja”1.
En materia de imágenes y de Memoria, pensar en el uso de aquéllas en su intermediación con nuestra relación con el pasado y cómo nuestro presente puede resignificarse a partir de ellas es una tarea imprescindible. Si la memoria colectiva es parte fundante de nuestra identidad, el cine como contribuyente a esa construcción comporta vital importancia en esta era absolutamente audiovisual.
La imagen, ¿es parte del recuerdo, o lo configura? En esa construcción que es la memoria colectiva, la imagen no sólo nos vincula con nuestros contemporáneos, sino también con los antepasados a los que alude. ¿Qué idea de recuperación del pasado comporta esto? ¿Puede la imagen darnos la pauta de aquello que ya no se puede recuperar? Hay quienes se aferran a creerlo. Otros reniegan con énfasis: lo atroz es irrepresentable.
A través de la visualización de fragmentos de parte de la filmografía -ficcional y documental- desarrollada en torno a los diversos genocidios del siglo XX e inicio del XXI, con la correspondiente contextualización histórica de cada uno de ellos, abordaremos estas temáticas tan actuales, trascendentes y necesarias. Lo que también se transformará, específicamente para los docentes participantes, en una forma de acercar la utilización del medio audiovisual al ámbito educativo.
Abrir un espacio para el estudio y difusión de esta temática, y hacerlo además desde esta óptica particular, nos resulta un mojón importante en el abordaje de la misma. Los Genocide Studies se vienen desarrollando en el ámbito académico desde hace algunas décadas, pero su preeminencia es en el Hemisferio Norte, por lo que también en ese sentido nos resulta innovador su planteamiento desde nuestro país.
1 YERUSHALMI, Y. (1989). Reflexiones sobre el olvido. En: YERUSHALMI, Y., LORAUX, N., MOMMSEN, H., et al., Usos del Olvido. Bs. As.: Ediciones Nueva Visión, p. 22.
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2 pensamientos en “Los Genocidios en el Siglo XX a través del Cine

  1. Magela Pose dice:

    Donde es el curso????

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