Entrevista a Alicia Casas

Deja un comentario

8 de julio de 2016 por difundimos

ALICIA CASAS, DIRECTORA DEL ARCHIVO HISTÓRICO DE LA NACIÓN: Yo no soy partidaria de la digitalización masiva.

unnamed (1)PERFIL:

Nació en Pan de Azúcar, hace años y estuvo casada con José Pedro Barrán hasta su fallecimiento. Tiene dos hijos, Ramón José, de cuarenta y cuatro años, que es economista y vive en Sevilla, y Pedro, de cuarenta, que es arquitecto. Tiene tres nietos, una en España y dos en Uruguay. Le encantan la ópera alemana, Jimmy Hendrix y Bob Dylan. Toca el piano y derrocha energía.

 

¿Desde hace cuánto que estás en el Archivo?

Yo estoy en el Archivo Nacional desde el 2005, entré en el primer gobierno del Frente Amplio. En ese momento era ministro Brovetto. Cuando fue al Ministerio se llevó la espuma de la Universidad, donde era rector. Recuerdo que nosotros veraneábamos en Playa Verde y a veces nos encontrábamos con María Simón, y un poco antes de las elecciones nos dice: “Hay que pensar que el próximo gobierno —que ya lo teníamos ganado— se va a nutrir mucho de la Universidad.” Y fue así, realmente. Recuerdo que nos decían que éramos el partido universitario. Y sí, porque Brovetto se llevó toda la gente que tenía alrededor.

¿Tienen recursos suficientes en el Archivo?

Creo que en las instituciones no se trata solamente de recursos económicos. Se trata también de los recursos que uno pone, y los que uno trae. Se trata del capital cultural del que habla Pierre Bourdieu. Uno viene con un capital que lo va a poner al servicio de la institución, y que va a hacer que esa institución funcione mejor, al criterio de uno, con las ideas que uno trae. Naturalmente que los recursos económicos son importantes, pero no creo que sean lo único. Creo que las ideas y el conocimiento de la disciplina en la que uno va a trabajar son muy importantes.

¿Cuánta gente tenés trabajando contigo?

Yo entré en el Archivo como con ciento cuarenta personas, y ahora debe de hacer ciento y poco, porque se han ido jubilando y no han ingresado otros.

¿Son suficientes recursos humanos?

Yo diría que harían falta algunos más. No soy partidaria de que haya muchos, pero soy partidaria de que haya los funcionarios necesarios. Quizás en este momento sí, me veo necesitada de algunos funcionarios, sobre todo de técnicos. Tengo vacantes sin llenar y todo, pero en este momento no ingresan. Con lo que tengo me he tenido que arreglar. Es así.

¿Están en un proceso de digitalización?

Sobre todo estoy digitalizando los documentos más antiguos, los que son susceptibles de deterioro y que están deteriorados. Tengo una cámara de conservación permanente, y el material que está en riesgo se digitaliza, se pone en una base de datos y el usuario accede a él a través de la computadora: lo amplía, lo achica y lo ve allí como quiere, pero ya digitalizado y recompuesto. Muchas veces ha habido que hacer algunos arreglos. Ya cuando entra en la cámara de conservación permanente, ahí queda. Es la forma de preservarlo.

Supongo que antes tendrían mucho microfilm.

Antes había microfilm. El problema es que el papel es lo más estable, hasta este momento. No tenemos documentos de la colonia, porque la capital de virreinato era Buenos Aires, y están allá. En nuestros inicios como Estado independiente el papel no era de buena calidad, y las tintas eran esas tintas ferrogálicas que a la larga traspasan el papel. Es lo que hay. Eso es lo que tenemos que conservar. Yo no soy partidaria de la digitalización masiva.

¿Por qué?

Primero, porque antes de digitalizar hay que organizar, seleccionar y ver qué es lo que va. Segundo, porque todavía no hay suficientes instrumentos de larga vida. Dentro de cinco años despedite de los CD. Digitalizar es caro. ¿Qué soy partidaria de digitalizar? Aquello que nosotros queremos conservar y que no queremos que se use. Imagínate que yo digitalizo y gasto treinta mil euros y dentro de cuatro años ya no tendré cómo verlo y tendré que volver a cambiar el soporte. Te pasa en la computadora: ya las computadora no traen para leer CD. Recuerdo que en el año 1976 estábamos en Inglaterra, en plena dictadura, y era el furor de las casetes, que se decía que iban a durar cincuenta años. ¿Cuánto duraron? No duraron nada. Y después vino el disquito cinco y medio, después vino el más chico. ¿Y ahora? Es el cambio tecnológico.

Uno tiende a pensar que hay que digitalizar todo, pero mirando en perspectiva…

El material bibliográfico es uno, y el archivístico es otro. El archivo no tiene el glamour que tiene la biblioteca. En general los documentos lidian con los derechos de la gente, y cuando tú vas a hacer un pedido de algo a la Intendencia o a donde sea y hay que llenar un formulario que luego se va a archivar, eso es tu derecho. Allá en la calle San Martín tengo como cuarenta y cinco mil quilómetros de papel. Imagínate. Allí hay documentos de los departamentos y archivos judiciales del interior. Como yo soy del interior y siempre soy muy crítica de la centralización montevideana, pero me doy cuenta de que el hecho de haber trasladado esos papeles del interior muy probablemente hizo que se salvaran. A veces los juzgados del interior no tienen lugares apropiados. Son cosas viejas. Y ahí hay derecho. Eso son derechos de la gente. Nosotros tenemos ahora un derecho de acceso a la información que vino después de la dictadura. Siempre les enseño a los estudiantes que durante la dictadura a ningún periodista se le ocurría ir a pedir nada a nadie porque lo sacaban chispeando. Luego de la dictadura la sociedad civil fue la que presionó por el acceso a la información, y se consiguió, ¿pero cuánto pasamos antes? Es la Ley 18.831, de 2007 o 2008. La tenemos, por suerte.

Cuarenta y cinco mil quilómetros de papel.

¿Qué quiere decir eso? Son bibliotecas de un metro con noventa, puestas en fila y llenas de documentos. Imagínate. ¿El Uruguay puede pagar eso? Por ejemplo, en el Archivo Judicial tengo los protocolos notariales, que son los primeros testamentos, las primeras chacras, desde 1770 en adelante, y los digitalicé porque no quiero que se vayan a perder. Debo andar en 1850. Están encuadernados en cuero de chancho, y son muy lindos, además. Eso no lo pagué yo, fueron proyectos que se han conseguido en el exterior.

¿Se consigue en el exterior como para esas cosas?

En mi administración debo haber traído más de medio millón de euros. No para el Archivo General solamente, sino para otros archivos también. A eso es que voy ahora a República Dominicana, a un programa de cooperación iberoamericana al cual nosotros y todos los países aportamos y después eso se divide. España aportaba mucho más que ahora. Con dos de esos proyectos digitalicé, pero fueron treinta mil euros. Pero para eso sí, pero yo no puedo pensar en digitalizar documentos de la administración, por ejemplo de un ministerio, y pensar que dentro de diez años no sirve el soporte. Hay que racionalizar.

¿Qué cosas tienen obligación de guardar en el Archivo?

Sobre el Archivo General de la Nación la ley de 2007 es clara: van aquellos documentos que ya no son útiles en la administración y que tienen valor permanente. El gran trabajo que se ha hecho en el Archivo en conseguir hacer dictar legislación relativa a los documentos. La ley de archivo establece que el órgano que dicta la política rectora de los archivos del Uruguay es el Archivo General de la Nación. Cuando se reglamentó esa ley se creó la Comisión de Evaluación Documental. ¿Qué quiere decir esto? Todos sabemos que juntamos papel. Las instituciones, a veces con gente que no es muy trabajadora, guardan  aquello que no se debe guardar. Uno de los grandes avances es haber podido crear la Comisión de Selección Documental a nivel nacional, que obliga a que las instituciones tengan una comisión de evaluación que haga listas de aquellos documentos que ya perdieron su vigencia y están para ser desechados y que esas listas vayan a la Comisión Nacional para ser aprobadas. Entonces no se tira lo que no hay que tirar, pero no se guarda lo que no hay que guardar. Ese es el gran problema que ha habido siempre, la gran acumulación.

¿Quién va al Archivo a pedir información?

La tipología del usuario es muy variada. Al Archivo Histórico de la calle Convención van los investigadores, los historiadores y muchos estudiantes. Tenemos una gran mapoteca, también pueden ir arquitectos e ingenieros. Ahí están los documentos históricos de los siglos pasados. También allí tenemos la parte de los documentos de Derechos Humanos, que son todos aquellos famosos rollos que había encontrado Azucena, y que en 2009 pasaron al Archivo General de la Nación, y ahí damos un servicio muy especial. Entiendo que esos documentos atañen a la privacidad de la gente y que hay que ser sumamente cuidadoso. Allí tengo una maestra, una escribana y una archivóloga. ¿Por qué tengo este equipo? La archivóloga es la experta en la búsqueda, pero al ciudadano no se le da una fotocopia, se le da un documento público y no les cobro nada. Allí no se cobra la certificación. Eso fue bueno, eso fue un buen servicio.

¿Has tenido muchas solicitudes de eso?

Sí. Un pueblo ha pasado por ahí. Es un asunto delicado. Creo que los derechos de la gente son una cosa que hay que aprender a respetar. La privacidad de una información. Yo vengo de la academia: “Esto en algún momento lo va a necesitar un investigador.” Después de mucho pensar, decidí hacer llenar un formulario para que la persona ponga por sí misma su nombre y cédula, que es lo único que se les pide, y hay un ítem abajo que dice: “¿Usted autoriza a que se utilice su información para el caso de  una investigación?” Te diría que el 99.5% dice que sí. Y eso me permite estar amparada, porque la ley de protección de datos personales me impide darle la información a cualquiera. Te puedo dar a ti tu prontuario, pero no a otro.

Tenés el Archivo Histórico, el Archivo Judicial, ¿qué más tenés?

Soy presidenta de la Comisión Nacional del Libro, la que autoriza los libros de enseñanza, etcétera. Y Clásicos Uruguayos y el Archivo Artigas.

Ahora recibiste el Archivo Apolant. ¿Qué contiene?

El viejo Apolant, que era un alemán prusiano, vino allá por los años treinta y pico. Hizo la genealogía del Río de la Plata, “La génesis de la familia uruguaya”. Hizo una investigación de todas las familias, desde 1700 en adelante. Es decir, aquello que nosotros considerábamos una cosa menor, la genealogía, este hombre lo llevó al estadio que realmente tienen los estudios genealógicos. El trabajo de él, las fichas, es como que hubiera inventado la computadora. Son como bases de datos, con los datos de la gente que iba recopilando. Es un trabajo donde hay una cantidad enorme de información, y para los investigadores es de gran utilidad. La hija tenía casi toda la papelería de él. Otra parte la había traído Carlos Zubillaga a la Facultad para sus clases. Integraban el grupo de estudios genealógicos del Uruguay, Apolant y Zubillaga.  Los papeles que tenía Carlos y los que tenía ella fue lo que se donó, que es muy valioso. De parte del Estado le agradecí muy especialmente.

¿Qué van a hacer con lo que recibieron de Zitarrosa?

El archivo de Zitarrosa tiene de todo. La familia guardó en cajones discos, cassettes, cartas, fotos y escritos de él, que era un buen poeta. Todo eso lo metieron indiscriminadamente. Lo primero que hay que hacer, a mi juicio, es un inventario de lo que hay y luego una clasificación. Hay que empezar, y no es sencillo. Afortunadamente se guardó, mira que no estoy criticando que se haya guardado, felicito a la familia que se preocupó y guardó todo. No tenía por qué guardarlo ordenadamente, pero lo guardó todo. El que da el apoyo económico lo da solo para digitalizar las películas y los audios, pero no el resto, ni las fotos ni los libros y documentos. Eso no entra en este proyecto. Imagínate, cómo haces un convenio con la administración municipal, administración central, y después la iglesia nuestra: la Universidad. Yo le digo a Roberto Markarian que nosotros somos la iglesia, porque pasará el Frente y pasarán los colorados y nosotros seguimos, la Universidad sigue igual.  Había que atar todo eso, y es muy difícil.

Pero lograste el acuerdo.

Seguro, se logró, y el director del Ministerio le puso dos líneas que lo mejoraron, porque yo había puesto un poco juntos los plazos de entrega del dinero, porque trabajan mis funcionarias del Archivo de la Universidad. Estoy en el Archivo de la Universidad, también. Y esto queda en el Teatro Solís, y yo sostengo que esto tiene que ser de acceso público. Que tú el día que quieras ir a ver la grabación setenta y cuatro, que va a estar en una base de datos, puedas verla. Soy partidaria del más amplio acceso posible. Y eso va a quedar en el Solís.

Te queda por hacer el otro archivo después, el de la parte escrita.

Hay que hacerlo.

¿De dónde salió la vocación tuya por la bibliotecología y la archivología?

Mira, yo vine de Pan de Azúcar a estudiar odontología. Pero siempre tuve mucha vinculación. Yo era pariente lejana de Álvaro Figueredo, un gran poeta nuestro. Los psicoanalistas lo han usado mucho. En mi casa se leía las Selecciones del Reader’sDigest, pero este señor tenía una gran biblioteca, y tuve la fortuna de tener eso en mis manos y ser una gran lectora desde muy chica. La novela española. Les digo a mis hijos que lo que les falta es Balzac, Flaubert. Les falta. Bueno, yo los leí cuando tenía dieciséis años. Pero fue porque los tenía al lado. Pienso que la vocación vino por allí.

Largaste la odontología.

Concursé en la Biblioteca Nacional, y entré y estuve más de veinte años. Fui secretaria general. Me pasó lo que me tenía que pasar: durante la dictadura me embromaron. No me dieron el documento de fe democrática, y tenían mucha razón, además. Eso hizo que mientras mis compañeros se transformaron en directores y no sé cuánto, a mí me cerraron las publicaciones. Y me quedé allá abajo. A todo esto, a José Pedro lo echaron y hubo que apechugar, qué ibas a hacer. Teníamos dos niños chicos, y el sueldo que entraba era modestísimo. Ahí estuve mucho tiempo, la quiero mucho a la Biblioteca.

Y ahora estás también en el Archivo de la Universidad.

Sí, se inició por el año 2002, cuando sacamos la ordenanza, pero se comenzó a recopilar a fines de la década de 1990. Ahora ya tiene vida propia y tiene gente de primera línea adentro, tengo a Vania Markarian adentro, que es doctora de Columbia, la niña. Gente de primera línea está allí.

¿Qué planes tenés para el Archivo en los próximos tiempos?

En este momento lo que tengo es que acabo de terminar un anexo en el Archivo Judicial, que a mí me preocupa mucho. El edifico donde está la sede del Archivo Judicial, en la calle San Martín, era una fábrica de bebidas sin alcohol. Es un edifico noble, fuerte. Lo que tiene es que hay que cambiarle el techo, que es liviano, y hacerle la eléctrica nueva. Y al lado se hizo un anexo, porque no damos abasto. Pienso que el Estado tiene que cuidar a sus ciudadanos, y los derechos de los ciudadanos están ahí en ese archivo. Mi proyecto ahora es ese, y quisiera terminar con el  Archivo Artigas, que falta poco porque ya estamos entrando en la época del Paraguay.

Seguís con la idea de seguir al firme por unos añitos más.

No mucho, no tanto. La verdad es que es sabio que el gobierno esté solo un período y que haya que cambiar, y es sabio que en la Universidad el rector esté durante dos períodos y afuera. Y creo que es sabio, también, que en las instituciones cambie la gente. Tiene que venir alguien con ideas nuevas, tiene que venir alguien atrás de mí, que va a hacer una mejor administración que yo porque va a encontrar la casa ordenada. Yo dejo todo ordenado, cuando yo entré estaba muy desordenado. Yo dejo la casa ordenada, y que venga otro con ideas nuevas. Y bueno, “life is short, death is sure”.  (La vida es corta y la muerte es segura).

 

unnamedSemanario VOCES   – Montevideo, URUGUAY

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

APHU

18 de Julio 1825 apto.401 / Telefax 2401 4774 / HORARIOS: Miércoles y Viernes de 10.00 a 18.00 Hs. Skype: APHU.Uruguay

Asóciate a la APHU

Novedades por Whatsapp

Ingrese su correo electrónico para recibir las novedades de la APHU por email

Publica en la Revista

AHORA PUEDES PUBLICAR EN LA REVISTA DE LA ASOCIACIÓN

Ofrecemos a nuestros colegas (ya sean nacionales o extranjeros) la posibilidad de publicar artículos de investigación en nuestra REVISTA, la que cuenta con ISBN. Estos trabajos son revisados, previa publicación, por un comité de lectura compuesto por excelentes académicos del país. Por mas info click aquí

A %d blogueros les gusta esto: