Entrevista a Jacques Le Goff: la periodización de la historia

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13 de marzo de 2014 por difundimos

Como es bien sabido, Jacques Le Goff es un historiador medievalista internacionalmente reconocido, autor de una obra monumental, y muy prolífico además. A pesar de su avanzada edad, pues nació en 1924, en los últimos tiempos ha publicado Le Moyen Age et l’Argent (Perrin, 2010), A la recherche du temps sacré, Jacques de Voragine et la Légende dorée (Perrin, 2011) y Le Moyen Age expliqué en images (Seuil, 2013). Aún así, y con noventa años recién cumplidos, acaba de presentar Faut-il vraiment découper l’histoire en tranches ? (Seuil, 2014). Dada esa trayectoria, nadie se atrevería a asegurar que este sea su último trabajo, su obra testamentaria, aunque es lo que parece.

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En palabras del propio Le Goff, “sea tesis o síntesis, este ensayo puede ser leído como la culminación de una larga investigación. Y de una reflexión sobre la historia, sobre los períodos de la historia de Occidente, en el centro de la cual la Edad Media es mi compañera desde 1950. Así que este es un libro que llevo conmigo desde hace mucho tiempo, con ideas que me son muy queridas. Escrito en 2013, cuando los efectos diarios de la globalización son más tangibles, este libro-recorrido plantea preguntas sobre las diversas formas de concebir la periodización de la historia: continuidades, rupturas, maneras de repensar la memoria de la historia. Tratando el problema general de la transición de una época a otra, examino un caso particular: la supuesta novedad del “Renacimiento” y su relación con la Edad Media, a la que he consagrado con pasión mi vida de investigador. Queda la cuestión de saber si la historia es una y continua o está dividida en compartimientos; o, si se quiere, s’il faut vraiment découper l’histoire en tranches?“

Pues bien, para hablar de eso y de otras cosas, Nicolas Truong le entrevistó para Le Monde hace un tiempo. He aquí un extracto:

¿Por qué apadrina la colección “Histoire & civilisations”?

Me parece que esta colección responde a una exigencia esencial de la edición en el campo de la historia: poner a disposición de un gran número de lectores esa suma de conocimientos que, más allá de lo académico, es necesaria para la educación del hombre honesto de nuestros días. Esto parece aún más importante en tanto que en ciertos países, entre ellos Francia, la historia está en retroceso en el ámbito de la educación. Este es un error preocupante, porque la historia es individual y colectivamente necesaria para entender el mundo y nuestro papel en su funcionamiento.

¿Incluyendo la historia antigua y medieval?

Hay que restaurar la importancia e influencia del conocimiento del pasado antiguo y medieval: nuestra existencia proviene de legados y esos legadosno son simplemente un nostálgico retorno al pasado. Son y deben ser un trampolín para el futuro. En este contexto, lo que otorgamos a la larga duración (longue durée) es fundamental. También me parece que, en cuanto al porvenir, será importante que contemos con especialistas sobre eso que ahora se llama la prehistoria, pues creo que, gracias sobre todo a la arqueología, estaremos en condiciones de descubrir nuevos testimonios que nos permitirán responder mejor a la pregunta: “¿De dónde venimos?”

Los historiadores pueden proporcionar principalmente dos cosas. La primera es el conocimiento de las herencias. Si bien, después de todo, no creo que haya un sentido en la historia, la historia vive en parte de legados que necesitamos conocer para aprender a aprovecharlos y a utilizarlos. Por otro lado, el conocimiento de la historia y el espíritu histórico nos forman para que nos sirvamos mejor de lo que constituye un elemento fundamental de nuestra existencia individual y colectiva: el tiempo. El mundo y nosotros mismos evolucionamos, cambiamos, y estos cambios son la historia que los constituye. La historia como objeto de conocimiento es lo que ayuda a poner en perspectiva los cambios implementados en la actualidad.

¿Qué distingue a una civilización de una cultura?

La civilización descansa sobre la búsqueda y la expresión de un valor superior, a diferencia de la cultura, que se reduce a un conjunto de costumbres y comportamientos. La cultura es terrenal cuando la civilización es trascendente. Belleza, justicia, orden … Eso es sobre lo que las civilizaciones se construyen. Tómese el trabajo de la tierra, la cultura producen lo útil, el arroz, allí donde la civilización traerá belleza, creando jardines.

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Sin embargo, tomando un ejemplo más cercano, hay un fuerte contraste entre el jardín inglés y el francés: el primero es un revoltijo, es un lugar romántico para los soñadores; mientras que el segundo está construido y estructurado, se trata de un jardín cartesiano, erigido sobre el fundamento de la racionalidad. La cultura privilegia la idea de utilidad, de seguridad y de riqueza, al contrario que la civilización, para la que tienen mucho más valor lo espiritual y lo estético.

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(…)

¿Diría usted, como Marx, que a cada técnica corresponde una organización social, y que el molino, por ejemplo, simboliza la sociedad feudal?

Hay verdad en esta frase de Marx y se puede decir que el pensamiento moderno, aunque esté lejos de una aplicación sistemática y restrictiva de Marx, ha estado marcado por su concepción de la importancia de la la economía y la historia. Sin embargo, creo que una creación, una desaparición o una mutación de la civilización lleva tiempo. Hay que ligar la historia y el desarrollo de las civilizaciones al despliegue del tiempo. Una civilización necesita tiempo para crearse, evolucionar, morir, transformar o transmitir la herencia. En la historia y la reflexión sobre las civilizaciones, la idea de herencia es fundamental. Una civilización está a menudo hecha de capas o de transmisiones de valores, de tradiciones, que se inscriben en el tiempo. Los hombres son siempre sus herederos.

Hay una noción de la que se ha abusado ampliamente, la de “revolución”. En la historia de la humanidad, son muy raras, y aparte de las revoluciones francesa y bolchevique, veo pocos cambios globales y repentinos. Y como François Furet, creo que la Revolución francesa se prolongó durante todo el siglo XIX. El despegue data de finales del siglo XVIII, pero todas las ondas que destruyeron el pasado e hicieron nacer una nueva sociedad han tardado mucho tiempo en producir sus efectos. Del mismo modo, no fue de un día para otro que la Revolución Bolchevique modificó el espacio ruso y una parte de Europa Oriental y Asia.

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¿Existe una dinámica de las civilizaciones, como Fernand Braudel (1902-1985) decía que había una dinámica del capitalismo?

La dinámica de civilizaciones tiene varias fuentes. Una de ellas es la necesidad natural. La necesidad de alimentación puede generar una civilización en la que un alimento o una forma de cocinar adquiere un valor extremadamente grande, como el arroz o el maíz. Pero la dinámica de civilizaciones descansa también en la necesidad de comunicarse. Entre los instrumentos clave de la civilización, encontramos con las rutas terrestres y marítimas. Para la civilización portuguesa, la ruta marítima ha sido un pilar, por ejemplo.

Por supuesto, las necesidades intelectuales y espirituales también jugaron un papel clave. La escuela, por ejemplo, ha sido un instrumento importante en la historia de las civilizaciones, difundiendo un saber que ha permitido y permite el mantenimiento de una civilización viva, y también transmite las herencias y prepara las evoluciones. El saber didáctico está en la vanguardia de los dones civilizadores de la Grecia antigua, desde la escuela del pedagogo del pueblo a la de Sócrates y los grandes filósofos de Atenas. Y hoy, lo que llamamos la “investigación” es parte del enriquecimiento de la civilización, una civilización tecnológica y científica.

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¿Podemos hablar de un “choque de civilizaciones”, como hizo Samuel Phillips Huntington (1927-2008)?

Hubo en la historia conflictos entre civilizaciones, pero de ahí a generalizarlos -como se ha hecho en una obra de la que se ha hablado mucho-; creo, como muchos, que eso es un error. El período de la colonización (siglos XIX y XX) estuvo marcado por choques de civilizaciones, como en la antigüedad existieron enfrentamientos entre griegos y persas, y en la Edad Media durante las invasiones de los mongoles.

Sin embargo, contrariamente a lo que pudiera pensarse, los grandes descubrimientos no han desempeñado un papel civilizador esencial. Ciertamente materializaron una forma de comunicación hasta entonces desconocida y marcaron la posibilidad de innovaciones futuras en los países descubiertos, como en todos los que los descubrieron y en todas las regiones vecinas, pero no tuvieron el efecto a la vez inevitable, obligatorio y considerable que se les atribuye. Algunos descubrimientos no fueron más allá de un encuentro, otros tardaron en dar su resultado más profundo: tomemos el descubrimiento de América, que no deviene realmente importante hasta finales del siglo XVIII, durante la fundación de los Estados Unidos. América del Sur, durante el siglo XVI, vivió exactamente igual que la Europa medieval, fue necesario esperar a Bolívar para el descubrimiento diera sus frutos.

A mi juicio, el período que va desde finales del siglo XV hasta mediados del siglo XVIII es un subperíodo de una larga Edad Media, un subperíodo que conoció novedades debidas a la migración de alimentos (tomate, de maíz, etc.), pero también a la expansión de los metales preciosos.

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¿Por qué habla de una mundialización en el tiempo y el espacio?

El problema es del espacio, del área geográfica y de las relaciones que los espacios de civilizaciones mantienen entre sí. Debemos distinguir tres estados esenciales: el contacto, el intercambio y la fusión. El contacto es lo que sucedió durante los grandes descubrimientos, cuyo instrumento fue el barco. El intercambio tuvo lugar entre los países europeos y los descubiertos, creando intercambios comerciales, pero también intelectuales. Y llegará el momento en que entre los dos países en contacto y en intercambio se opere casi una uniformización.

Por el momento, ninguna región ha conocido esta fase, al contrario de lo que algunos periodistas y políticos dicen, sobre todo con su concepto de la americanización del mundo. Creo que este fenómeno de fusión todavía no se ha dado, estamos todavía en una fase de intercambios, pero de intercambios desiguales.

¿Podemos hablar de civilizaciones, o en última instancia no queda más que una, la del mundo globalizado?

Hemos entrado en un nuevo periodo de la historia, cuyo instrumento principal es el ordenador. Nos enfrentamos a un instrumento que aún no se ha extendido por todas partes y que no lo ha hecho con el mismo grado de saturación. Creo que tenemos por primera vez, mejor que con el teléfono o la televisión, una herramienta que es prácticamente universal y que podrá tejer una civilización digital. Hoy en día, todavía estamos en la etapa de contacto, así que hemos de esperar para saber si conseguirá que nazca una nueva civilización.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/13676

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2 pensamientos en “Entrevista a Jacques Le Goff: la periodización de la historia

  1. Agustin Olmos dice:

    Solicito su amable apoyo para publicar la convocatoria, se puede?

    Gracias

    Agustín Olmos

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