Walter Benjamin: una vida crucial

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11 de marzo de 2014 por difundimos

Joanna Hodge, profesora de filosofía en la Manchester Metropolitan University, reseña en las páginas de THE el reciente volumen de Howard Eiland y Michael W. Jennings: Walter Benjamin. A Critical Life  (Harvard UP). Veamos lo que señala la profesora Hodge:

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Leer a Walter Benjamin es un asunto notoriamente peligroso: la amplitud y variedad de sus escritos tienta a sus lectores a encontrar solo lo que ellos mismos han buscado. Theodor Adorno y Gershom Scholem, Giorgio Agamben y Jacques Derrida fueron víctimas de ello, en mayor o menor grado. Escribir sobre él es aún más difícil: sus escritos son inimitables, tanto en el rigor con el que disecciona su material como en la elegancia y eficacia de sus experimentos con la forma, de modo que es difícl hacerle justicia. Sus escritos muestran un esfuerzo acumulativo por desarrollar modos de presentación adecuados a la crisis de su tiempo. Son innovadores hasta un límite y de un modo que todavía asustan y desafían. Este estudio, subtitulado A Critical Life, admirable en muchos aspectos, parece eludir este reto al optar por la clásica biografía intelectual basada en el formato cronológico, empezando con un nacimiento el 15 de julio 1892 y terminando con el emblemático suicidio en 1940.

Los autores, Howard Eiland y Michael Jennings -con la participación adicional de Marcus Bullock, Gary Smith y Kevin McLaughlin- son responsables conjuntamente de la publicación de las traducciones al inglés de cinco volúmenes significativos de los trabajos seleccionados de Benjamin, que comenzaron en 1996 con Walter Benjamin: Selected Writings (1913-1926). Esta empresa ha reunido por orden cronológico trabajos que ya se habían traducido, trabajos previamente publicados solo en alemán y otros inéditos. Ha sido una tarea de gran envergadura, generosamente financiada por Belknap Press, de la Harvard University Press, y un notable ejemplo de esfuerzo académico colectivo. Podría entonces haberse esperado que Eiland y Jennings se tomaran un descanso en sus labores.

En cambio, han producido este enorme y apasionante estudio de la vida y los problemas de Benjamin, testimonio tanto de sus propios esfuerzos en dar a conocer sus esquivos escritos como de las circunstancias en que Benjamin llegó a conseguir tal alcance, profundidad y brillantez. Sus temas van desde la astrología al nazismo, y desde la prostitución hasta el famoso Ángel de la Historia, en su testamentario Sobre el concepto de historia (1940), cuyas alas se cargan con la tempestad de la destrucción en la que él mismo está a punto de ser barrido. Los escritos de Benjamin capturan una civilización agonizante construida sobre la injusticia, el privilegio, la fina sensibilidad y el funcionamiento de la probabilidad. Su adicción a los juegos de azar es un subtema de este estudio; a pesar de sus inclinaciones marxistas, estuvo dispuesto a vivir de los ahorros de sus padres, de los ingresos de su esposa Dora Pollack Benjamin y, en el exilio de París, de la caridad de amigos y admiradores.

Eiland y Jennings conocen y dan detalles de esto, proporcionando también pruebas de las ocasionales caídas de Benjamin en la misoginia de su tiempo (“efusión académica típica de las mujeres”). Son las imperfecciones de Benjamin, pero en lugar de una semblanza impresionista de una vida marcada por falsos comienzos y un infortunado final, lo que emerge es un asombroso panorama de una vida y de la teorización, de la investigación y de la edición, en la cresta de esa ola de desastre que fue la destrucción de los judíos europeos y de la vida intelectual alemana. Lo que surge es una alegoría de este nuevo siglo, en el que una vez más los que confiadamente creían estar bien asimilados son rechazados y expulsados de las culturas dominantes empeñadas en restituciones imaginarias. Benjamin ya había escrito en 1919 sobre el apotegma “Destino y carácter”, premonitorio de su propio cruce de la frontera francesa por Portbou, en España, siendo un refugiado al que la ley nazi había convertido en apátrida. Por un día, no pudo beneficiarse de una inesperada relajación de las normas que le habrían permitido irse a América; demasiado tarde para rescatar una vida de subvenciones privadas. Allí se suicidó.

Los autores trazan la historia de Benjamin desde el Berlín burgués y su participación temprana en las protestas estudiantiles, a sus torpes intentos para garantizarse prebendas académicas en Suiza, Alemania, Nueva York y, de hecho, en las recién fundadas instituciones sionistas en la antigua Palestina. Anticipándose a su tiempo, analizó las ciudades y el cine antes de la invención de los estudios de sociología y de los dedicados a los medios de comunicación, y estudió literatura infantil y coleccionó juguetes infantiles mucho antes de la creación de los campos de estudios sobre la infancia y la museología. Demostró haber perdido irremediablemente contacto con la realidad, dejando la relativa seguridad de Suiza, donde vivió por un tiempo durante la Primera Guerra Mundial, para buscar oportunidades en la Alemania de Weimar, y dejando de nuevo la relativa seguridad de Copenhague y la compañía de Bertolt Brecht para irse al París a punto de ser ocupado por los nazis de Hitler. Desgraciado e impotente, torpe e inspirado; los escritos de Benjamin son leídos como blasones de la época que conoció.

El estudio traza su trayecto desde el aspirante académico, suponiendo ingenuamente que su desdén por los académicos sería indetectable, a través de experimentos con el hachís, el surrealismo, la radio y el periodismo, hasta las reflexiones políticas más oscuras de los años del exilio, 1933-1940. “El defecto fundamental de esta institución”, escribe en 1930 sobre la radio, “ha sido el de perpetuar la separación fundamental entre los profesionales y el público, una separación que está en contradicción con su base tecnológica”. El libro intercala las amistades y las rivalidades de Benjamin, sus amores y éxitos profesionales a pequeña escala, en la narración de una derrota a gran escala.

Pero no es solo la destrucción de Benjamín y de su arte lo que se proyecta. Lo que este libro hace es proporcionar la puesta en escena, la escenografía y el detalle del contexto, sobre la base de que el lector puede aventurar sus propias hipótesis sobre cómo y por qué Benjamin pasó de escribir sobre “Las afinidades electivas de Goethe“, y sobre el primer romanticismo alemán, a su asombroso análisis sobre París como capital del siglo XIX. Este último proyecto nunca fue terminado. Lo que nos queda es un conjunto de notas de trabajo encomendadas por Benjamin a su amigo Georges Bataille y publicadas póstumamente como Libro de los Pasajes, y fragmentos de un estudio de tres partes de Charles Baudelaire que todavía hoy se está editando y revisando. Este trabajo en curso traza los pasajes, tanto arquitectónica como conceptuamentel, que unen el presente con el pasado, con un método y un género sin precedentes que yuxtaponen la poesía lírica y la miseria de la ciudad, la teoría del valor y la prostitución, la cita y la denuncia.

Benjamin ofreció borradores de este trabajo a (y algunos fueron rechazados por) Max Horkheimer, director de la Escuela de Frankfurt en el exilio neoyorquino, y a su amigo de antaño Teddy Wiesengrund, más tarde reiventado e instalado con la Escuela de Frankfurt como Theodor Adorno, crítico cultural. Hubo el rumor de que había sido alquilado un apartamento con vistas a Central Park en previsión de la llegada de Benjamin, pero la feliz llegada no se produjo. En cambio, hay un doloroso intercambio de cartas en las que Adorno trata de imponer su propia versión de la dialéctica mediada sobre la paralización benjaminiana y su transitorio “ahora” de cognoscibilidad. El tono curiosamente plano adoptado por Eiland y Jennings demuestra aquí su verdadero potencial. Dejan escrupulosamente que el lector se forme un juicio sobre la dirección de la crítica en la reconstrucción que hacen los autores de esta “vida crítica”.

Sería necesaria otra alquimia para convertir este Benjamin de anticuario, amorosamente restaurado, en una fuerza material, en particular viendo la dinamita sobre la que él escribe, que pueda exponer las sandeces de la actual academia: su constante “innovación” institucional y sus investigaciones y los rótulos de sus publicaciones sobre más-de-lo-mismo. Benjamin y sus escritos constituyen sin duda una fuerza enorme, llegada del futuro, y estos estimables biógrafos demuestran ser sus heraldos.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/13744

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