El gran debate: Burke contra Paine y su actual legado

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27 de febrero de 2014 por difundimos

Hoy traemos a esta bitácora a un intelectual “conservative”, uno de larga trayectoria. Se trata de Yuval Levin, miembro del Ethics and Public Policy Center, editor del National Affairs y habitual de medios conservadores como National Review y Weekly Standard. Levin, que formó parte de la administración de George Bush hijo, acaba de publicar The Great Debate: Edmund Burke, Thomas Paine, and the Birth of Right and Left (Basic Books).

Su idea central es que la moderna división entre liberales y conservadores se remonta en el tiempo a aquellos dos grandes pensadores, Burke y Paine, pero que tal enfrentamiento no es óbice para hallar un terreno común en el que defender los ideales americanos. Así se puede leer en el extracto que ha publicado la prensa. Y así lo viene a expresar en una reciente entrevista concedida al blog del Washington Post, aunque el bloguero procura llevar la conversación a cuestiones de actualidad política:

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Ezra KleinLo que me fastidia cuando leo un libro que arraiga los debates partidistas de hoy en argumentos que estaban presentes en tiempos de la fundación de la república es que el partidismo de hoy no es una tendencia constante. Hace sesenta años Estados Unidos era un lugar mucho menos polarizado. Entonces, ¿cómo puede esa perspectiva histórica explicar ambos períodos?

Yuval Levin: Nuestro sistema siempre ha tenido una izquierda y una derecha. Lo que no ha tenido siempre es un partido político que representara a la izquierda y un partido político que representara a la derecha. Durante gran parte de nuestra historia los partidos se rompieron regional o étnicamente, y sobre temas como la raza. Hoy el Partido Demócrata es reconocible, aunque bviamente no de manera perfecta, como el partido de la izquierda. El Partido Republicano es reconocible, pero no perfectamente, como el partido de la derecha. Eso significa que nuestras diferencias ideológicas son ahora diferencias partidistas. Y una política que sea ideológicamente coherente no será calmada. Será intensa. Hay diferencias de largo recorrido que se expresan a través de nuestras instituciones políticas en mayor grado de lo que ha ocurrido en el pasado.

EKCreo que ese es un aspecto importante. Pero si bien es cierto que nuestros partidos han ofrecido un orden ideológico, también es cierto que, en respuesta,nuestras ideologías han conformado el partidismo. El ejemplo reciente más vívido es elmandato individual que pasa de una política identificada con la derecha en la década de 1990 a una que solo se identifica con la izquierda hoy. Así que no solo tenemos unos partidos ordenados por la ideología, sino una ideología impulsada ​​por los partidos y por los otros incentivos que estos tienen, como las elecciones, los grupos de interés y las lealtades tribales.

YL: Eso sucede a veces. Pero creo que es importante tener en cuenta las diferencias entre medios y fines en la política pública. El debate sobre la salud es un buen ejemplo. Se puede hablar de diferentes mecanismos políticos comunes a la izquierda y la derecha, pero los dos partidos tienen visiones muy diferentes sobre el sistema de salud. Los progresistas tratan de resolver los problemas mediante la centralización de la autoridad en manos de personas con conocimiento – en este caso, la experiencia. Los conservadores tratan de resolverlos mediante la centralización de la autoridad en manos de personas con el conocimiento social, lo que incluye, aunque no solamente, a los mercados, algo que pasa a través del ensayo y error.

Esto es en parte una diferencia en las teorías sobre qué tipo de conocimiento está disponible en la sociedad. El libro trata sobre el intenso debate que mantuvieron Edmund Burke y Thomas Paine desde finales del siglo XVIII. Y gran parte de su desacuerdo fue sobre lo que podemos saber en sociedad. Trataba sobre el lugar del conocimiento técnico frente al conocimiento social, sobre el lugar de las instituciones mediadoras en comparación frente al Estado. Yo no sugiero que esos debates simplemente se puedan solapar sobre las controversias actuales. Pero creo que entenderíamos mejor lo que estamos discutiendo ahora si viéramos qué elementos son profundos y cuáles son más coyunturales.

EK: Siguiendo con eso,  no tengo claro sin embargo que la diferencia en términos de teorías de conocimiento sea tan cruda como la plantea. La expresión más nítida del modelo de experiencia en la Affordable Care Act es el Independent Payment Advisory Board de Medicare. Pero Paul Ryan llevaba algo muy similar en su plan de salud de 2009. Y si volvemos al gobierno de George W. Bush, recuerdo que había liberales a los que les molestaba mucho que Dick Cheney estuviera en una habitación con expertos de la industria elaborando un proyecto de ley sobre la energía. A menudo me parece que la diferencia no es en términos de si las dos partes quieren centralizar la autoridad en los expertos, sino qué expertos elijen, con los liberales recurriendo a menudo a la academia y los conservadores recurriendo a menudo a la industria.

YL: El corporativismo que se puede encontrar en la administración republicana es un problema y no un enfoque particularmente conservador a la hora de gobernar. Pero en la ley de la atención sanitaria, la diferencia es evidente en un conjunto mucho más amplio de áreas. El enfoque en su conjunto supone definir el producto de seguro y luego definir la forma en que se compra y se vende. Lo que se encuentra en la mayoría de los enfoques republicanos sobre la reforma de salud es un esfuerzo por ayudar a las personas a ser consumidores, sin una definición demasiado estricta de lo que ocurre entre el consumidor y el proveedor.

Dicho esto, una cosa importante que se aprende sobre nuestras diferencias políticas cuando reparamos en la historia es que nuestra política se libra en la línea de 40 yardas. En realidad no va de comunismo contra anarquismo. Hay un acuerdo básico sobre la democracia liberal, y esa es una gran diferencia con, por ejemplo, algunas experiencias de la Europa continental. La inclinación de algunos conservadores a pensar que la izquierda americana tiene sus raíces en algún tipo de importación europea, como la socialdemocracia alemana, no es muy correcta. Está muy arraigada en nuestra tradición. Y ni la derecha ni la izquierda tienen el patrimonio de los padres fundadores. Nuestra política siempre ha estado definida por esta diferencia, y lo sigue estando.

EK: Su idea de que nuestros partidos no siempre han reflejado nuestras diferencias ideológicas es muy importante. Hay una tendencia a confundir polarización política con tiempos polarizados. Nuestra política se desarrolla ahora en las líneas de 40 yardas. Pero en los años 60 se trataba de los derechos civiles, el feminismo, Vietnam, estudiantes universitarios proclamando la sedición y dirigentes políticos asesinados casi de manera rutinaria. A veces me pregunto qué le hubiera pasado al país si hubiera habido un sistema político polarizado que hubiera explotado esas divisiones en lugar de un sistema político que realmente era consciente y trató de mantener unido al país.

YL: Creo que esto funciona en ambos sentidos. La pregunta es si el hecho de que los partidos no representaran bien esas tensiones hizo que ese período fuera más o menos intenso, fuera de la política. Existen mecanismos en la política que obligan a personas con diferentes puntos de vista a trabajar juntas. Si las diferencias que existen en la sociedad están representadas en el sistema político, el sistema puede hacer que las personas con esas diferencias trabajen juntas. Nuestra política puede calmar a nuestra sociedad. El público no quiere ver a sus políticos peleando, y es fácil ver si es una parte o la otra la que no está siendo razonable. La gente mira, por ejemplo, la pelea por el “shutdown” (cierre) y dice: “vamos a calmarnos y resolverlo ahora”.

EK: Pero, ¿realmente ve la pelea por el “shutdown” como un ejemplo de que elsistema político obliga a trabajar juntos? Yo lo veo como todo lo contrario. Las diferencias ¡realmente estaban dentro de las líneas de 40 yardas, pero algunos republicanos prendieron fuego al campo.

YL: Hay una manera de mirar los últimos años que se inicia fijando con qué, según la sabiduría convencional centrista, deberíamos acabar. Eso es con déficits más bajos, una especie de relación de 3 a 1 entre  recortar gastos y subir impuestos. Y los últimos tres años, aunque han sido desagradables, han presentado una versión de eso. No es la versión que nadie quería. Pero ha ayudado a abordar el problema de la deuda de forma más inmediata y más o menos en la forma en que la gente pensaba que deberíamos hacerlo. Simplemente ha sido una molienda. Pero yo no creo que sea una cosa tan mala.

La parálisis podría haber sido mucho peor. Todavía tenemos que aprobar la legislación. Hay períodos de gobierno de partido donde  demócratas y republicanos controlan el gobierno y pasan grandes cosas. Creo que en el último par de años donde hemos tenido un Congreso dividido, lo que es bastante inusual y ha sido problemático, y esa situación sí presenta problemas institucionales que no tenemos mucha experiencia en tratar. Cuando sucedió en los años 80 tuvimos  siete shutdowns gubernamentales en ocho años. Pero incluso ahora, las dos partes lograron algo.

EK: Creo que esas fricciones institucionales, en una época de partidos polarizados, son bastante importantes. A pesar de las discusiones entre Burke y Paine, los Padres Fundadores construyeron realmente el sistema político asumiendo que no habría ningún partido político. Odiaban los partidos políticos! Y luego, por supuesto, empezaron unos pocos. Pero es un sistema en el que la idea subyacente era que la competencia sería entre ramas, no entre dos partidos que compitieran en todas las ramas.

YL: Creo que eso es correcto. Pero fue un cambio casi inmediato. El sistema ha adquirido mucha experiencia trabajando de esa manera. Burke y Paine en realidad disentían profundamente sobre si debía haber partidos. Burke sostenía que los partidos no solo eran inevitables en una sociedad como la nuestra, sino buenos. Eso surge de su teoría del conocimiento y del poder. Los partidos son inevitables, dijo, porque nadie podía conocer todas las partes de una sociedad con gente tan diversa enfatizando diferentes partes. Los campeones de esas partes tenderían a unirse en un partido que sería el partido del progreso y del tradicionalismo. Esta no era, como usted dice, la perspectiva común de los fundadores. Muchos de ellos sostenía la opinión de Paine, que es que el partido es fundamentalmente peligroso para una sociedad. Pero muy rápidamente, casi al instante, su sistema se rompió en partidos. Madison escribió El Federalista n.º 10 sobre los peligros de las facciones y con Thomas Jefferson creó nuestro primer verdadero partido político.

EK: ¿hasta qué punto cree que la oposición entre el tradicionalismo y el progreso sirve para los debates de hoy en día? En este punto, los demócratas están llevando adelante unos presupuestos que, con algunas excepciones menores, mantienen la arquitectura básica del Estado norteamericano en aproximadamente la misma forma que ha tenido durante los últimos 50 o 60 años. Medicare, por ejemplo, mantiene su forma actual gracias a los demócratas. El presupuesto republicano recortó drásticamente casi todos los grandes programas. Medicare se convierte en algo nuevo y no probado. Dejando de lado si es o no una buena idea, hay un argumento razonable según el cual el enfoque demócrata es en realidad más tradicionalista que el republicano cuando de lo que se trata es de la forma del Estado.

YL: Es importante ir más allá de la simple diferencia entre progreso y estabilidad. Lo que los dos lados realmente encarnan son disposiciones sobre la política. Desde luego, a veces vemos a conservadores muy  deseosos de transformar los sistemas de gobierno y a liberales deseosos de preservar partes de nuestro sistema de un modo que puede parecer burkeano. El propio Barack Obama lo ha dicho. Pero creo que aquí se nos escapa algo sobre los debates particulares.

Los debates sobre el Estado de bienestar o el estado del derecho son  debates de segundo orden. El ideal igualitario de la justicia que avanza a través de determinadas aplicaciones de los conocimientos técnicos es un ideal progresista que Paine habría reconocido. Y la idea más conservadora sobre manejar los problemas sociales mediante la aplicación del conocimiento social usando instituciones sociales como la familia, la sociedad civil y los mercados es algo que Burke habría reconocido. Representan diferentes ideales acerca de qué tipo de información tenemos disponible.

Paine defiende con énfasis que ceder mucho poder a alguna institución entre el individuo y el Estado es algo ilegítimo en una sociedad dada, porque estas instituciones no son elegidas democráticamente. Pongamos que uno vive en un lugar donde la Iglesia Católica siempre ha estado en el poder ¿por qué el cuidado de la salud ha de depender de ella? ¿Por el hecho de que siempre se ha hecho así? El debate sobre el Estado de bienestar es un debate en torno a un conjunto de instituciones que encarnan claramente determinadas definiciones de la sociedad liberal. No creo que haya un revoltijo total entre derecha e izquierda. Creo que la visión que se encuentra en el presupuesto de Ryan es una visión conservadora bastante reconocible, aunque la esté persiguiendo de forma agresiva.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/13481

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