MEGA: edición integral de las obras de Marx y Engels

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23 de febrero de 2014 por difundimos

Hoy reparamos en Brasil, en un texto de Flávio Aguiar publicado hace un tiempo en el combativo Carta Maior. Hubiéramos podido escoger otro lugar, pues el asunto es ciertamente conocido, pero con la elección compensamos mínimamente la escasa atención a los medios de aquel país. Esta es la crónica de Aguiar a propósito de la edición integral de las obras de Marx y Engels:

En estos días hice una visita privilegiada. Acompañaba al profesor Jorge Grespan, historiador de la USP/FFLCH, en su año sabático en Berlín, que investiga sobre la idea de “representación social” en la obra de Marx, entre otros temas relacionados.

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La visita en cuestión fue al profesor Gerald Hubmann, director del proyecto MEGA. MEGA significa Marx/Engels Gesamtausgabe, término y abreviatura que se pueden traducir como “Edición completa de las obras de Marx/Engels”. La visita tuvo lugar en su despacho, cuyas paredes están forradas con ediciones de todo el mundo de las obras de Marx y Engels, bajo la atenta mirada de una cabeza de bronce de Marx que se encontró en un almacén, donde había sido relegada tras la caída del Muro de Berlín y el final de los Estados comunistas de la antigua Europa del Este.

MEGA, que fue planificado desde finales de los 80 y viene siendo publicado desde principios de los 90 retoma, de hecho, un primer proyecto similar, desarrollado en la antigua Unión Soviética antes de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo por el esfuerzo y el trabajo de investigación de David Riazanov (1870-1938). Sin embargo el trabajo de Riazanov chocó en las purgas estalinistas. Acusado de “menchevique”, fue expulsado del Partido Comunista en el año 1931 y, acusado de “trostskismo”, fue condenado y ejecutado en 1938.

[Cuenta Riazanov: «Me acuerdo que en 1900 yo había visto en Berlín esa biblioteca dispersa sin ningún orden en varias habitaciones (…) Así es como desaparecieron miles de obras pertenecientes a los creadores del socialismo científico. Ni siquiera se tomaron el trabajo de verificar si no contenían, al margen, notas de lectura, algunas huellas del trabajo intelectual de Marx o de Engels… Una parte de los manuscritos que, normalmente, habría debido ser despachada a los archivos del Partido Socialdemócrata en Berlín fue conservada por Bernstein, y la correspondencia de Engels y la parte más importante de las obras que permanecen desconocidas hasta la actualidad quedaron en Londres”.]

Ya en aquella época los documentos de Marx y Engels que se encontraban en Alemania habían sido transportadas a los Países Bajos, con el ascenso de Hitler al poder. Cuando la Alemania nazi se lanzó contra los países de Europa Occidental -Francia, Bélgica, Dinamarca, Países Bajos, entre otros- los documentos pasaron a Inglaterra.

Tras el final del conflicto regresaron a Amsterdam, y hoy en día conforman el patrimonio de la Fundación Internacional Marx-Engels, con el Instituto Internacional de Historia Social. También hay parte de los escritos de los dos autores en Moscú. Pero el centro neurálgico de la reanudación del proyecto de una edición completa de todos los escritos de Marx y Engels está a medio camino: Berlín, aunque también implica a centros de estudios en Tréveris, también en Alemania, en Italia, Dinamarca, Japón, Moscú y Ámsterdam.

Christian Z. Schmitz, Thomas Meyer, Alexander Schweitzer y Gerald Hubmann, moderados por Anja Kruke. Foto: Marco Piecuch

Christian Z. Schmitz, Thomas Meyer, Alexander Schweitzer y Gerald Hubmann, moderados por Anja Kruke. Foto: Marco Piecuch

El profesor Hubmann es discreto en el tono y en el lenguaje, pero está visiblemente entusiasmado con su trabajo. Su primera tarea es aclarar el tamaño de la empresa: hay miles y miles de documentos, notas, cuadernos, cartas, panfletos, artículos de periódicos, de revistas, entradas de enciclopedias, más allá de las ediciones conocidas de libros -miles en todo el mundo.

Junto con Engels, Marx era un escritor de cartas compulsivo: durante su vida tuvo más de 2.000 corresponsales asiduos, especialmente en Europa y Estados Unidos. Como Engels, escribió artículos y entradas que no firmaba. Por otro lado, hay artículos y entradas que se le han atribuido, pero ahora podemos saber con seguridad, debido a las modernas técnicas filológicas -y a la gran tradición filológica alemana-, que no son suyos.

Aquí llegamos a un punto crítico de la cuestión. Si nos fijamos en muchos planes universitarios actuales de estudios lingüísticos y literarios – sobre todo en Brasil- la filología puede parecer algo obsoleto. Pero no para MEGA. Según el profesor Hubmann, una de las cualidades e intereses de MEGA es el establecimiento riguroso de la autenticidad de los textos de Marx y Engels, tal como se produjeron, con sus manchas, arañazos, garabatos, bocetos, versiones, contraversiones, correcciones, vacilaciones; en fin, el restablecimiento de los textos como originarios de un ser vivo en constante cambio.

Aquí entramos en el filón vivo y delicado de la mina. Porque, esta vez con más Marx que Engels, se publicarán algo así como 90 voluminosos tomos [se habla de 114 volúmenes, de los que 60 ya han aparecido], de un modo algo diferente a lo que se ha fijado hasta el momento por las sucesivas ediciones, digamos “partidarias”, de su obra. Esto no es negar el valor de estas ediciones anteriores, empezando por las organizadas honestamente por el propio Engels, ni desterrarlas. Se trata de ver a Marx dentro de una perspectiva histórica, como un pensador y un perfil que se escapan por completo a la idea de algo “fijo”.

A medida que el mundo académico y político que se autoproclama posmoderno tiende casi compulsivamente a “reinventar la rueda”, hay quienes proclaman que el Marx que está emergiendo de este laberinto de documentos es un Marx no, o incluso anti, marxista. Todo lo contrario. Tal vez el Marx que está emergiendo de este universo es el más “marxista” de todos, porque completamente envuelto, como autor de los textos, en el torbellino de dudas, rectificaciones y nuevas evaluaciones de los momentos históricos, siempre es -eso sí- un formulador de preguntas pertinentes y agudas, más que el congelador de respuestas listas para ser archivadas como una lectura ortodoxa de los versículos de una biblia pagana.

Cuando le preguntó si este inquieto Marx sería un pensador que tendría connotaciones románticas -no en el sentido de idealización, sino en el sentido de querer restablecer un “espíritu humano”- el profesor Hubmann responde que sin duda es así en lo que se llama tradicionalmente el “joven Marx”, estudioso y comentarista de Hegel, Kant, Feuerbach. Este Marx sigue los “movimientos del espíritu”, como si se tratara de un hegeliano après la-lettre, pero ya perseguido por los “movimientos de la historia”, ese hormigón cuyo análisis permite más preguntas que respuestas rápidas, revisando todo su pensamiento a cada paso.

A medida que el pensador, agitador, periodista, ensayista y polemista Marx madura, pasa de la filosofía a la política y a la economía, pero al mismo tiempo ampliando su espectro de intereses, y sus manuscritos revelan esta ampliación de la perspectiva, tanto en el sentido de campos abordados -química, biología, geología, entre muchos otros- como en la variación de su foco privilegiado, la práctica que nunca perdió: tiene el foco en elaborar su pensamiento. Por ejemplo, subraya el profesor Hubmann, es claro para cualquiera que siga esta trayectoria que el Marx de la segunda mitad del siglo XIX cambia su foco de interés del capitalismo clásico -inglé – por el entonces innovador de los EE.UU.; crece el interés de Marx por su expansión, por la expansión territorial del capitalismo en el oeste de los Estados Unidos, por el papel que desempeña el crédito.

También aumenta su conciencia sobre los aspectos fugaces y cambiantes de la preparación de un (cualquier) pensamiento, y del suyo propio. Por ejemplo, en el caso de una obra compleja como la “consagrada” a La idelogía alemana, se puede ahora ver más claramente que, en primer lugar, es incompleta, es decir, no la encaraba como un “libro definitivo”; y, en segundo lugar, que se compone de una serie de notas dispersas, inconclusas. Uno no puede dejar de mirarla a la luz tanto de la afirmación de ambos de que, una vez informados sobre las cuestiones que trataban pensadores que intentaban continuar la línea de Hegel, “abandonaron” el conjunto de documentos “a la crítica de las roedoras ratas”. Tal afirmación no deja de tener un cierto tono irónico, pues el estado real de los documentos de hoy es roído, por las ratas, el tiempo e incluso la humedad.

Preguntado por si esta nueva concepción de Marx y de su trabajo -donde hay tanto de deconstrucción de los estereotipos como de reconstrucción de una trayectoria semoviente- tienen algo que aportar sobre la crisis contemporánea, el profesor Hubmann destaca una gran tradición en su pensamiento:”haría preguntas y más preguntas, dentro de su gran tradición analítica”. Es decir, el interés del pensamiento de Marx siempre se ha centrado más en el análisis instigador de las coyunturas, en el esfuerzo también pragmático por abordar las cuestiones de la política cotidiana de su tiempo, que en la fijación de las ortodoxias encaradas dogmáticamente.

Aunque revolucionario y volcado hacia una utopía a alcanzar (con perdón de la palabra, que es del autor de este breve resumen de una conversación tan rica, no del maestro Hubmann), el pensamiento, y con él la praxis política de Marx (y Engels), era plenamente consciente de las dificultades de una visión completa de los campos del conocimiento humano, más pertinente por cuanto abocado al fracaso, y estaba permanentemente decantado por una trayectoria concreta entre las posibles que se colocaban en la construcción diaria de una alternativa al triunfo del pensamiento conformista.

En palabras de este articulista, el Marx que surgió de la conversación y que probablemente surgirá de los prometidos volúmenes es y será menos apocalíptico y teleológico, más profético y analítico, en el sentido de un crítico del estado del arte de su tiempo y de un favorecedor de nuevos horizontes, en lugar de encerrarlos con acabados catecismos.

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Al final de nuestra conversación, el profesor Hubmann mostró su grata sorpresa por el creciente interés que la obra de Marx ha disfrutado en Brasil. Y la completó con una alegría enfática, diciendo que la nueva edición brasileña de la obra (como una sinfonía inconclusa, un trabajo en progreso)  conocida como La ideología alemana, de Boitempo Editorial, se encuentra entre las mejores del mundo, si no la mejor de todos los tiempos.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/13308

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