USA: el legado religioso

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24 de enero de 2014 por difundimos

Entre otros de semejante tenor, este pasado año ha aparecido el volumen After Cloven Tongues of Fire: Protestant Liberalism in Modern American History (Princeton UP), del que cualquiera puede leer el capítulo inicial. Su autor es David A. Hollinger y merecería unas líneas, en particular por lo poco que aquí se cultiva esta senda. Con todo, y dado que el tema se cuenta entre los preferidos de la historiografía estadounidense, mejor será que vayamos a una crónica periodística más general, que trata ese volumen en su contexto. Me refiero al breve “A Religious Legacy, With Its Leftward Tilt, Is Reconsidered”, que Jennifer Schuessler publicó este verano en el NYT:

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Durante décadas, el relato dominante de la historia religiosa de la posguerra estadounidense ha sido la del triunfo de los cristianos evangélicos. Según se nos ha contado, a partir de la década de 1940 una creciente ola de evangélicos comenzó a afirmar su poder e identidad, marcando en última instancia el camino a sus contrapartes protestantes más liberales en los bancos de las iglesias, en las colectas y en las urnas.

Pero ahora, un creciente grupo de historiadores de la religión están reconsiderando el legado de esos desteñidos metodistas, presbiterianos y episcopalianos del establishment, trazando su duradera influencia en los movimientos por los derechos humanos y la justicia racial, el creciente movimiento “espiritual pero no religioso” e incluso en el matizado realismo moral de Barack Obama -un liberal protestante par excellence, según dicen algunos de estos académicos.

Después de décadas de trabajo rescatando a evangélicos, mormones y otros grupos religiosos largamente olvidados, sostienen estos estudiosos, hace tiempo que la profesión histórica necesitaba un momento así. Como dijo un comentarista en el blog Religion in American History, “es alentador que los muertos, blancos y poderosos protestantes estén recibiendo otra mirada”.

En el último año, se han publicado media docena de libros sobre el tema; Princeton y Yale han celebrado conferencias dedicadas al liberalismo religioso, y las recientes reuniones anuales de la American Historical Association y la American Academy of Religion han incluido mesas de debate sobre el tema [añadamos a ello un artículo aparecido en el último número de Historically Speaking].

“Ahora tenemos muchas cosas buenas sobre el protestantismo evangélico”, dijo David A. Hollinger, historiador de las ideas en la Universidad de California, Berkeley, quien pronunció un provocador discurso presidencial ante la Organization of American Historians en 2011, defendiendo el legado de lo que llamó el protestantismo ecuménico. “Pero tenemos que estudiar a los evangélicos”, agregó Holligner, en “relación con las personas a las que odiaban”.

Odiado es sin duda la palabra, y la sensación funcionaba en ambos sentidos. En un editorial de 1926 sobre el juicio de Scopes, The Christian Century, la revista de facto de la línea principal del protestantismo, desestimó el fundamentalismo como “un evento ya pasado”, una distracción momentánea en la marcha hacia la moderna fe racional.

Pero, en la década de 1940, los evangélicos se movilizaron contra las Naciones Unidas y otras causas respaldados por sus principales líderes, muchos de los cuales fueron posteriormente denunciados como comunistas en Christianity Today, la revista fundada en 1956 por el reverendo Billy Graham. El Century replicó, con editoriales que calificaban a Graham de mercachifle al estilo de la Avenida Madison, que cabalgaba a un “monstruo gigante” que amenazaba con “hacer retroceder medio siglo al cristianismo protestante”.

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La revista de Graham ganó la batalla inmediata entre los lectores, superando en circulación al Century en un año -una señal, según sostiene Elesha J. Coffman en su nuevo libro The Christian Century and the Rise of the Protestant Mainline (Oxford UP), de que los editores del Century, en su mayoría formados en las mismas instituciones de élite, nunca fueron tan representativos de la mayoría protestante como pretendían.

Sin embargo, otros estudiosos tienen una visión muy diferente. En In After Cloven Tongues of Fire: Protestant Liberalism in Modern American History, publicado en abril por Princeton University Press, Hollinger argumenta que la rama principal obtuvo una victoria cultural más amplia de lo que los historiadores han reconocido. Los liberales, sostiene, puede que perdieran el protestantismo, pero se ganaron al país, estableciendo el ecumenismo, el cosmopolitismo y la tolerancia como el credo americano dominante.

El argumento de Hollinger generó mucha discusión entre sus colegas cuando se presentó por primera vez en la reunión de 2011. Pero de su nuevo libro, a veces agresivo, dice que es solo un “signo de puntuacion” en la reciente serie de trabajos que reconsideran el lado izquierdista del espectro religioso estadounidense, con títulos como Rise of Liberal Religion: Book Culture and American Spirituality in the 20th Century (Oxford UP) de Matthew S. Hedstrom; Embattled Ecumenism: The National Council of Churches, the Vietnam War and the Trials of the Protestant Left (Northern Illinois UP) de Jill K. Gill; y Life and Death of the Radical Historical Jesus (Oxford UP), de David Burns.

El aumento del interés por la religión liberal, se suele indicar, refleja la renovada vitalidad de la historia de la religión en general, que se ha extendido más allá de sus reductos tradicionales de las escuelas de teología para convertirse en una de las especialidades más populares entre los historiadores académicos, según la American Historical Association.

Algunos estudiosos dicen que la frustración con esa percibida dominación cultural y política de los evangélicos en la era Bush otorgó mayor urgencia tema. “Al final del segundo mandato de Bush, había un gran interés en reflexionar sobre la izquierda religiosa”, dijo Leigh E. Schmidt, historiador de la Universidad de Washington en St. Louis, y editor con Sally M. Promey del reciente libro American Religious Liberalism (Indiana UP). “La idea fue, seguramente, pensar que hay algo más que la mera izquierda laica”.

Eso es algo que a menudo no se ve como eclesiástico del todo. El volumen de Schmidt y Promey, que recoge las ponencias presentadas en las conferencias de Princeton y Yale, incluye ensayos sobre el bahaísmo entre los artistas de principios del siglo XX y “el liberalismo metafísico” del obsesivo ufólogo y escritor de culto Charles Fort, entre otros temas distantes. Los creyentes conservadores “pueden pensar que esto no es la religión”, señala Jon Butler, un estudioso de la Universidad de Yale que está trabajando en una historia de la religión en el Manhattan moderno. “Pero la religión tiene un número increíble de formas”.

Las vertiginosas variedades de la experiencia religiosa americana, dicen los especialistas, tiene raíces tan profundas como las de la religión de los viejos tiempos. En la Universidad de Virginia, Hedstrom imparte una asignatura muy popular llamada “Spiritual but Not Religious“, que describe la evolución de la espiritualidad americana desde los trascendentalistas del siglo XIX a los Alcohólicos Anónimos, pasando por el yoga y “el evangelio de Oprah”.

El fenómeno actual de lo “espiritual pero no religioso“, indica Hedstrom, le debe mucho al protestantismo liberal de mediados de siglo. En su libro The Rise of Liberal Religion rastrea el papel de los clubes de libros religiosos -que convirtieron en bestsellers títulos como On Being a Real Person (1943), del pastor liberal Harry Emerson Fosdick- en la creación de “cultura religiosa media” de amplia base que hizo hincapié en la ética personal y en la experiencia interior frente a la teología. “El enfoque en que la experiencia religiosa personal estuviera en el corazón de la vida religiosa, que procede del cristianismo liberal, me parece algo vivo y sano”, dijo Hedstrom.

Algunos estudiosos con raíces en las iglesias más tradicionales advierten de que no conviene exagerar la importancia de la religión liberal. El trabajo reciente sobre el tema es “un buen balance de los libros historiográficos”, señala Mark Noll, un historiador de la religión en Notre Dame y un prominente intelectual evangélico. Pero para que una tradición tenga una influencia continua, agrega, necesita cuerpos comprometidos en los bancos de las iglesias.

Ese punto es respaldado por Coffman, que trabajó como editora en la revista Christianity Today antes de entrar en la academia. En la actualidad enseña en el University of Dubuque Theological Seminary, una institución presbiteriana donde los pastores en la formación, dice, son menos propensos a saborear sus amplias victorias culturales que a debatir qué elementos del culto evangélico deben adoptar para atraer a suficientes feligreses.

“Yo enseño en un seminario de la línea principal, y no me siento muy triunfalista”, dijo Coffman.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/12880

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