Turquía: la revolución del sombrero

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10 de enero de 2014 por difundimos

La entrada que propongo hoy no tratará de libros ni de artículos, si siquiera de polémicas o entrevistas. Reproduce un curioso texto periodístico sobre una histórica ley turca: “Turkey’s Glorious Hat Revolution”, escrito por el citado Kaya Genç, corresponsal de la LARB en Estambul. Y aunque parezca no tener gran importancia, algo sugiere sobre este gran país, su cultura y su historia. Dice así:

La primera revolución mundial del sombrero tuvo lugar en Turquía en 1925. El 25 de noviembre de ese año, el parlamento aprobó una ley que hizo obligatorio que todos los hombres llevaran sombreros de estilo occidental en los lugares públicos; todos los funcionarios tenían que llevarlos, y no se permitiría ningún otro tipo de sombrero. A los que fueran sin sombrero se les dejaría en paz, pero si se quería usar sombrero tenía que ser del modelo propuesto (y no el turbante tradicional o fez) o atenerse a las consecuencias, que podían ser tan severas como la pena de muerte.

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Antes de la promulgación de la “Ley del sombrero” en el parlamento, el revolucionario turco Mustafa Kemal había visitado la ciudad de Inebolu, en Anatolia, donde pronunció un apasionado discurso (más tarde conocido como “El Sermón del sombrero”) a un grupo de perplejos anatolios. “Maestros”, dijo (Kemal siempre se dirigía a su audiencia como “maestros” y una vez dijo que los campesinos eran “los verdaderos maestros del país”):

Las personas que constituyen la nación turca son un grupo civilizado. Es históricamente y esencialmente civilizado. Pero tengo que informarles, como hermano suyo, como su amigo y su padre … que los miembros de la nación turca que se llaman a sí mismos civilizados deben probar y demostrar también que son intelectualmente civilizados. Deben demostrar lo civilizados que son a través de su vida familiar y de sus estilos de vida.

Kemal lanzó a su audiencias dos preguntas importantes: “¿Es nacionalista nuestra manera de vestir? ¿Son nuestras ropas civilizadas y universales? “Ambas fueron recibidas con gritos entusiastas de “No! No! No lo son!”. Luego les preguntó si era concebible que una nación careciera de un vestido nacional adecuado. “¿Tiene sentido embadurnar una joya muy preciosa con barro?”, se preguntó retóricamente. “Si hay una joya cae en el lodo, entonces tenemos que quitarle el barro para que la joya reluzca, lo que es natural y necesario”. La petición de Kemal para limpiar el lodo fue seguida por especificaciones de su visión sartorial dirigidas a sus compatriotas . “De ahora en adelante llevaremos zapatos Oxford o, alternativamente, botines. Y pantalones, chalecos, camisas, corbatas, cuellos desmontables, chaquetas y, con suma naturalidad, sombreros”. En un intento de explicar mejor el significado cultural del sombrero, agregó “Es algo así como un redingote, un bonjour, un esmoquin, una levita. Aquí está”. Poniéndose el sombrero, Kemal concluyó: “Algunas personas dicen que no es lícito llevarlo. Y yo les digo que son despistados e ignorantes!”.

No todo el mundo compartía el entusiasmo de Kemal por usar sombreros de copa, zapatos Oxford y cuellos desmontables. En efecto, el sombrero se convirtió rápidamente en un símbolo del enfrentamiento entre sus partidarios reformistas y sus oponentes conservadores. El día antes de que la Ley del sombrero fuera aprobada en el Parlamento, en la ciudad oriental de Erzurum un grupo de manifestantes acudió al edificio del gobierno y lanzó piedras a los aposentos del gobernador nombrado por el Estado. Tres personas murieron cuando los soldados dispararon contra la multitud para proteger el edificio. Poco después, fue declarada la ley marcial y el ejército se desplegó por la ciudad. Los adversarios de la revolución del sombrero fueron detenidos. Al menos 13 personas fueron ejecutadas, entre ellas una mujer.

La reacción a los nuevos sombreros creció como una bola de nieve en diferentes ciudades. En los últimos días de noviembre las protestas se extendieron a ciudades como Rize, Sivas, Maras y Kayseri, donde los Tribunales de la Independencia, a los que habían dado poderes extraordinarios contra los desertores del ejército y los presuntos enemigos de la revolución, ejecutaron a 20 personas. (Las gentes de Anatolia no parecen haber sido grandes fans de las guerras ni de la vida militar. Según el historiador Erik-Jan Zürcher, a finales de la primera guerra mundial el número de desertores en el ejército turco había “aumentado a casi medio millón, un número mucho mayor que el de los soldados que permanecían en el campo”-este es uno de los más altos porcentajes de deserción militar durante una gran guerra).

Una de las figuras más interesantes que se opusieron a la “Ley del sombrero” fue İskilipli Mehmed Atif Hodja, un erudito islámico que se hizo un nombre por sí mismo en la Daru’l-Funun Divinity School de Estambul. En un folleto influyente, “La imitación de Occidente y el sombrero”, argumentó que era absurdo que los musulmanes trataran de vestirse como los occidentales. El folleto de Mehmed Atif fue visto como particularmente tóxico por los funcionarios estatales, que dieron órdenes para detener al académico inmediatamente. En diciembre de 1925 fue detenido y enviado ante un Tribunal de la Independencia. Durante su interrogatorio, Mehmed Atif fue presionado para que se retractara de sus puntos de vista y, al final de un largo juicio de dos días, fue condenado a morir en la horca.

Según sus críticos, el verdadero crimen de Mehmed Atif no fue tanto su desagrado por los nuevos sombreros cuanto oponerse a los nuevos jefes de Estado. Como Ali Kemal (de quien he escrito antes aquí), Mehmed Atif fue acusado de ser miembro de la Asociación de los Amigos de Inglaterra en Turquía y de estar a sueldo del gobierno británico. Esto es bastante irónico, teniendo en cuenta que los británicos se opusieron a la adopción en Turquía de los zapatos Oxford y los sombreros de copa.

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La severidad de las sanciones contra los que no llevan sombrero debió tener asustados a los ciudadanos, que empezaron a hacer cola frente a las tiendas desde primeras horas de la mañana. Unos años más tarde, en 1934, el empresario turco Vitali Hakko decidió capitalizar la revolución y abrió una tienda llamada Şen Sapka (El Sombrero Feliz) en Estambul. Hakko fabricaba sombreros y bufandas. La demanda masiva de los primeros hizo de él uno de los hombres más ricos del país. Ochenta años después de su fundación, la empresa (ahora Vakko) es ampliamente reconocida como una de las principales casas de moda del país. A pesar de la alta calidad de los sombreros que produjo, no todo el mundo compraba en El Sombrero Feliz de Hakko, sobre todo por razones económicas. Los que no podían pagarlos acudían a las numerosas tiendas en las que, debido a la falta de suministros, los hombres a veces se llevaban sombreros de mujer, que se ponían por temor a las autoridades.

La Ley del Sombrero de 1925 sigue vigente. Es parte del Código Penal turco, que sigue incluyendo el infame artículo 301, una versión anterior de la que condujo al asesinato del periodista turco-armenio Hrant Dink, que fue acusado de “insultar la identidad turca” en su trabajo periodístico. Los legisladores turcos tienen la extraña costumbre de no hacer nada por derogar leyes, incluso cuando obviamente hacen que la vida de algunos ciudadanos del país sea peor. En efecto, “no llevar un sombrero adecuado” es un delito penal hoy en día, que se castiga con penas de prisión de dos a seis meses. Cuando Kenan Evren, el líder del golpe de 1980, decidió redactar una nueva constitución para su pueblo, se aseguró de mantener la Ley del Sombrero. Evren, cuyos crímenes durante su gobierno militar son actualmente objeto de un litigio judicial, pasó a ser un gran fan de los sombreros fedora. Pero no son solo los dictadores como él los que no pueden prescindir de la ley. De lo contrario no se habría mantenido desde hace más de ocho décadas. Recientemente, he leído numerosos artículos en la prensa sobre la polémica suscitada por los planes del actual gobierno para derogar la Ley del Sombrero. A pesar de estar inactiva, la ley sigue vigente, como un insecto muerto olvidado en algún rincón oscuro de nuestro apartamento.

Cuando los representantes de la Comisión Europea visitaron Ankara en 2004 se sorprendieron al oír hablar de la existencia de la ley. Dijeron que una ley de este tipo, sin duda era contraria a las normas europeas, y que si un ciudadano turco denunciaba la “Ley del Sombrero” en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sin duda ganaría el caso. Su indignación no fue compartida por los parlamentarios turcos, que dijeron que la ley nunca se había usado durante los últimos 80 años.

Los registros históricos impugnan esa defensa. Hace dos meses un columnista turco citó pasajes de viejos artículos periodísticos que informaban de incidentes relacionados con el uso de la Ley. En noviembre de 1962, en el muelle Kabataş de Estambul, un anciano fue detenido por llevar un gorro. Durante el interrogatorio, el hombre dijo que no “sé cómo usar un sombrero occidentalizado”. En otro caso, un ciudadano intentó entrar en un club nocturno llevando un fez. Fue denunciado a las autoridades y capturado rápidamente por la policía. Dijo que era de Siria y no estar sujeto a las leyes turcas, pero los oficiales no aceptaron su explicación. Entonces dijo que llevaba el fez porque un amigo apostó a que no podría hacerlo. Una vez más su explicación fue rechazada.

Un parlamentario del BDP, el izquierdista Partido de la Paz y la Democracia, presentó una propuesta para eliminar la “Ley del Sombrero” en abril de este año. “Nadie cumple con la ley ni tampoco los jueces se la toman en serio”, argumentó. “Los fiscales o bien deben demandar a todo aquel que no cumpla con la Ley o o bien la ley debe ser eliminada”.

No me entiendan mal. Yo soy un gran fan de los sombreros fedora. Después de ver a Indiana Jones de niño me enamoré de ellos, y siempre me he imaginado el fedora como parte insustituible del guardarropa de un académico, algo estéticamente atractivo y asociado con una vida de aventuras. Todavía conservo el sombrero que me regaló una antigua novia hace más de una década; también puedo entender la necesidad de los revolucionarios de usar la fuerza para hacer que la gente aceptara lo que en aquel momento les parecía una reforma desagradable: verse obligados a usar sombrero les debió hacerse sentir extraños, pero los otomanos habían sido obligados a llevar fez, así que no había cambiado mucho. Y, sin embargo, cada vez que me pongo un sombrero de fieltro, no puedo dejar de pensar en las personas que fueron ejecutadas por no querer usar sombreros y la imagen me llena de una extraña sensación de dolor.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/13152

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