Cixi, emperatriz y concubina

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23 de noviembre de 2013 por difundimos

¿Quién no había oído hablar de Cixi, la emperatrix china? Pues bien, he aquí su biografía: Empress Dowager Cixi: The Concubine Who Launched Modern China, de Jung Chang (Knopf). De ella se ocupa brevemente el historiador oxoniano Rana Mitter, (autor de la reciente China’s War with Japan, 1937-1945. The Struggle for Survival. Allen Lane) en las páginas de  New Statesman:

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La historia china abunda en personajes poderosos, pero pocos de los más destacados en la conciencia popular han sido mujeres. En el último medio siglo, Jiang Qing (“Madame Mao”) ha sido tal vez la más conocida; en los años anteriores tuvieron a Soong Meiling (“Madame Chiang Kai-shek”). Sin embargo, no tuvieron la influencia directa sobre la política o el arte de gobernar de la que disfrutó su predecesora Cixi (Tz’u-hsi), la emperatriz viuda de China, cuyo período de influencia se extendió desde la década de 1860 hasta su muerte en 1908.

En esta biografía bien documentada y provocadora, Jung Chang, autora del libro de memorias Cisnes salvajes y (con su marido, Jon Halliday) de la biografía de Mao. La historia desconocida, propone una lectura revisionista de la condición de Cixi presentándola como la fuerza que impulsó algunos de los aspectos más importantes de la modernidad en China, desde el gobierno constitucional a la reforma militar.

Por encima de todo, el libro ofrece una visión detallada de la vida en la corte imperial en la última parte de la era Qing (1644-1911). El dominio de la intriga era esencial para sobrevivir en un mundo cerrado en el que realeza, eunucos y burócratas rivales pugnaban todos por el poder. Cixi demostró ser una hábil jugadora en estos juegos de poder a menudo mortales.

Desde su primera posición como concubina del emperador Xianfeng en 1852, escaló en la vida cortesana hasta asumirel poder entre bambalinas. A la temprana edad de 25 años organizó un golpe de Estado para colocar a su joven hijo, Zaichun, en el trono. Zeng Guofan, uno de los líderes militares más importantes de entonces, declaró: “Estoy anonadado por la acción sabia y decisiva de la emperatriz viuda, que ni siquiera los grandes monarcas del pasado fueron capaces de lograr”.

Sin embargo, Cixi fue mucho más que una Anne Bolena china (no menos importante, ya que murió en su propia cama a una edad muy avanzada). La visión convencional que de ella se ha dado ha sido la de una figura conservadora que impidió las reformas para modernizar China, precisamente cuando el imperio necesitaba desesperadamente cambiar para abordar el impacto del imperialismo occidental.

En general, la historiografía china ha tildado a las mujeres poderosas de fulanas o de brujas y la valoración de Cixi a menudo la ha colocado en la primera categoría cuando era joven y en la segunda al envejecer. En este libro, Chang presenta un argumento revisionista convincente y plausible según el cual Cixi fue más reflexiva y flexible que eso: interesada ​​en desarrollar los ferrocarriles, consciente de las relaciones con Occidente y consciente de la necesidad de un cambio político.

Empress Dowager Cixi logra lo que se propone, pero deja algunas preguntas sin respuesta. Ella murió en 1908, solo tres años antes de que cayera la dinastía. Chang afirma que Cixi era sincera en cuanto a alentar las reformas; pero ¿por qué la dinastía Qing se colapsó a pesar de ello, y por qué lo hizo a tal velocidad? Parte de la respuesta se encuentra más allá de las maniobras cortesanas, en una sociedad china atravesada por un cambio profundo. El final en 1864 de la Rebelión Taiping, una guerra civil provocada por un visionario loco que supuso millones de muertos, fue un punto de inflexión para la dinastía Qing. Para salvarse, la corte imperial tuvo que ceder mucho de su monopolio de la fuerza armada a los líderes militares provinciales -poder que nunca recuperó y que explica el papel de los “señores de la guerra”, que marcaron la historia China de principios del siglo XX. En última instancia, y a partir de la década de 1860, las decisiones de la Corte fueron mucho menos relevante para China en su conjunto que durante la época de los emperadores fuertes en el siglo XVIII.

El cambio intelectual también fue importante. En el libro, dos de las bestias negras de Cixi, los pensadores reformistas Kang Youwei y Liang Qichao, son condenados por su repetido (fallido) intento de provocar la caída de Cixi. Sin embargo, no eran simples conspiradores hambrientos de poder, sino dos de los pensadores políticos más importantes y sofisticados de finales de la época imperial en China. Las excentricidades de Kang incluyen coqueteos con globos aerostáticos, pero también propuestas importantes sobre cómo adaptar el confucionismo al mundo moderno.

Liang, a quien Chang describe como “mano derecha” de Kang, fue bastante más significativo que eso: entre otras cosas, fue uno de los fundadores de la moderna prensa política china. Ellos y otros pensadores-activistas fueron fundamentales para la conformación de una esfera pública en China a finales del siglo XIX, que desplazó el poder de la corte hacia la sociedad civil. Una de las razones por las que cayó la dinastía Qing, de repente y de forma inesperada, es que en 1911 no había casi ninguna circunscripción en China que tuviera gran interés en su supervivencia.

Sin embargo, Cixi merece ser recordada y se agradece que este libro ofrezca a una figura tan importante de la historia de China el protagonismo que se merece, como un icono feminista que jugó un papel crucial en la formación de la China moderna. En muchos sentidos, los debates en la corte parece precursores de las discusiones en el Beijing de hoy, donde las intrigas criminales (como la historia de Bo Xilai) y los acalorados debates sobre en qué medida se debe reformar China van de la mano. Incluso los debates sobre cómo modernizar el confucianismo siguen siendo parte del paisaje político.

Por todo esto, en un área importante, las cosas han ido hacia atrás: para descrédito de la política china, no hay una poderosa figura femenina en la vida política de hoy con la influencia de Cixi. Esta vivaz biografía nos recuerda que una mayor presencia femenina puede ser un detonante para el cambio político que tanto necesita.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/12951

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