¿Deben los historiadores usar Twitter?

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1 de noviembre de 2013 por difundimos

Qué pregunta!, dirían algunos; ¿para qué?, contestarían otros; según, concluirían los menos reticentes. En cambio, Heather Cox Richardson da una respuesta rotundamente afirmativa en el blog de la Historical Society. He aquí sus razones (la primera parte y parte de la segunda):

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Sí.

Pero como todavía me quedan más de 137 caracteres [uno menos en su inglés], aquí está mi opinión sobre la cuestión Twitter:

He tenido muchas conversaciones últimamente con historiadores radicados ​​en los Estados Unidos acerca de si deben o no utilizar Twitter. Hay tres quejas al respecto. En primer lugar, existe la impresión general de que los usuarios de Twitter son narcisistas que se sienten obligados a informar al mundo cada vez que se comen una rosquilla. En segundo lugar, hay una sensación de que es una pérdida de tiempo valioso. En tercer lugar, los académicos más jóvenes están preocupados por si la presencia en los medios sociales puede hacerles daño en el mercado laboral.

Estas son preocupaciones válidas, pero en mi opinión quedan ampliamente superadas por las ventajas de Twitter, tanto para cada historiador como para la profesión en su conjunto.

Vamos a empezar con la profesión. Sí, hay un montón de personas que utilizan Twitter para poner un resumen de sus actividades más mundanas. Pero no hay ninguna ley que diga que esa sea la única forma de utilizar el medio. Twitter funciona mejor para los historiadores cuando los participantes lo usan para dirigir a los seguidores a un contenido. Esto funciona de dos maneras. Los tweets puede hablar de un nuevo archivo o de una fuente recién descubierta o del significado de una fecha. También pueden ser utilizados para llamar la atención sobre una entrada de un blog o sobre un artículo o incluso sobre un libro de tema histórico. Los enlaces que se incluyen hacen sea más fácil de seguir.

Llama la atención que muy pocos historiadores radicados en los Estados Unidos usen de Twitter de esta manera. Los historiadores de Canadá y el Reino Unido están en Twitter, alegando que la historia es cosa de los profesionales, ya sea de dentro o de fuera de la academia, mientras que los historiadores de Norteamérica simplemente no están reclamando su territorio. Hay excepciones, por supuesto. William Cronon pone buenos enlaces. Lo mismo ocurre con Henry Louis Gates, Jr., David Armitage, Tera Hunter, Kevin Levin, y sin duda muchos otros que he olviado. Pero estas heroicas filas no se pueden comparar con el gran número de usuarios de Twitter en Canadá y el Reino Unido.

Si los historiadores ​​estadounidense no dedican más energía a los espacios públicos, su experiencia va a seguir siendo ignorada, y la importancia de su trabajo, reducida. Una buena manera de combatir esa denigración es simplemente aparecer.

Un segundo beneficio para la profesión es que Twitter ofrece un lugar donde la gente de ambos lados de la brecha [con y sin plaza fija] pueden intercambiar ideas. Otra cosa de la que me he dado cuenta en Twitter es la de la sorprendente cantidad de académicos juniors que son activos allí, y los pocos seniors que hay. Siguiendo a tantos jóvenes investigadores como yo he encontrado que tienen un conjunto de inquietudes y habilidades completamente diferente al de las personas enquistadas con seguridad en la academia. Los historiadores que empiezan su carrera están encima de las tecnologías digitales y de los nuevos archivos. Están muy preocupados por el aumento de los asociados (adjunct) y los MOOCs. Y no tienen idea de cómo van a encontrar un empleo permanente en el mundo académico. . . o incluso si lo desean. Por mi experiencia, no se trata de conversaciones que se produzcann a menudo entre personas con plaza. Nos preocupamos mucho más acerca de la investigación, las técnicas narrativas y hacer frente a los administradores. La gente de ambos lados de esta división tiene mucho que ofrecerse mutuamente y, de hecho, me parece fatal que no estemos hablando del impacto de esta rápida evolución para el oficio de historiador.

Por último, Twitter ofrece a los historiadores la perspectiva de fuera. Es una oportunidad de estar en el mismo mundo virtual que un montón de gente muy inteligente y de escuchar lo que ellos piensan que es importante. Aparte de los mensajes que vi ayer sobre los problemas de la historia transnacional, la enseñanza de la historia americana en un aula diversa, Bruce Bartlett me señaló un resumen de Bloomberg de los cinco años de la crisis financiera de Estados Unidos y NPR anunció que el archivo de Alan Lomax está en línea. Toda esta información contribuye a mejorar mi docencia y mi trabajo, y nada de esto habría llamado mi atención si no lo hubiera seguido en Twitter.

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Los académicos sin plaza fija están en un lugar divertido: en esa brecha entre el mundo antiguo y el nuevo. Hace diez años, sí, los blogs convencerían a muchos académicos senior de que un junior no era un académico serio porque se estaba dirigiendo a un audiencia popular. Desde entonces, el viejo mundo de la academia se está desmoronando, y aunque muchos departamentos aún no se han visto salpicados, otros son conscientes de que deben moverse hacia el siglo XXI.

Así que ¿las entradas de un blog y los tweets dañarán su carrera? Puede ser. Pero también pueden ayudar a su carrera de manera muy concreta.

La primera tiene que ver con la publicación. la primera regla para conseguir empleo y para conseguir una plaza fija sigue siendo tener un libro publicado. Cuando los académicos senior terminaron su doctorado era casi seguro que sus tesis encontraran editoriales académicas. En esos días, las editoriales universitarias tenían contratos con las bibliotecas universitarias que garantizaban ventas automáticas de unos pocos miles de copias de cada monografía que salía de una editorial acreditada. Los recortes presupuestarios de los últimos veinte años han acabado con este sistema. Una editorial académica ya no puede estar segura de que las bibliotecas vayan a comprar sus monografías. Esto significa que no pueden aceptar todo lo que les llega, haciendo más difícil que nunca conseguir un contrato para un libro.

Pero todavía se necesita uno para conseguir plaza fija (tenure).

Una de las maneras de mejorar sus posibilidades de conseguir ese contrato es asegurarse de que se ha escrito un libro que es de interés general, que sobrepasa su inmediato campo de interés, uno que una editorial piense que será capaz de vender. ¿Cómo se puede hacer eso? Comprometerse con un público más amplio en línea. Viendo las cuestiones que se plantean. Viendo qué mensajes obtienen una buena respuesta. ¿Se escriben diferente a tus otros trabajos? ¿Están planteando preguntas diferentes ? ¿Qué te dice esto acerca de tu idea y de tu estilo de escritura? ¿Cómo se puede hablar con más claridad a lo que es, después de todo, un público auto-seleccionado de interesados?

Los contratos también dependen cada vez más de las propias redes. ¿Tienes fama porque contribuyes a un blog popular? ¿Hay un montón de gente a la que le gusta seguir lo que tienes que decir? Eso ayudará a convencer a un editor de que tienes audiencia.

Una presencia en línea puede hablarle a un empleador más directamente. Blogear da la oportunidad de presentarse en tus propios términos. Cualquier comité diligente te buscará en Google. Una serie de entradas interesantes sobre la enseñanza, por ejemplo, no hará daño a tu perfil.

Hay trampas en la presencia en línea, por supuesto. En primer lugar, y por encima de todo, es importante recordar que el acto mismo de trabajar en línea significa que tus oponentes no pueden responder, y es antideportivo, como mínimo, lanzar una diatriba contra alguien que no puede responder. Para el mercado de trabajo, significa que es una locura escribir de forma desmedida sobre cualquier persona o cosa. Esta es una profesión muy pequeña, y aunque el trabajo de XYZ nos enfurezca, no hay ninguna razón para pasarse. XYZ sin duda tendrá buenos amigos en cualquier institución en la que nos puedan entrevistar, y no olvidems que hemos disparado primero (te googlearán, ¿recuerdas?).

Eso no excluye, por supuesto, que si sentimos claramente que hemos de tomar una posición en favor o en contra de algo, en principio, lo hagamos con orgullo y abiertamente. Y que estemos preparados para defender nuestra postura en contra de los opositores. Eso sí, no peleemos gratuitamente.

En Twitter, las reglas son como en Facebook. No seas un idiota. No se debe publicar lo mucho que odias a tus alumnos, o a tus compañeros de trabajo, o cualquiera de las diatribas obvias que te arruinarán ante un comité. No se debe publicar un sinfín de piezas ensimismadas sobre lo que estás comiendo o bebiendo, o diciendo o pensando. Pero Twitter y Facebook no son solo zonas de peligro, también pueden reflejarte bien. Sigo a un número de jóvenes investigadores en Twitter que obviamente están estrechamente vinculados a sus comunidades y a nuevos trabajos, y que están luchando con problemas intelectuales realmente interesantes. Si uno de ellos se postula para mi centro, su presencia en Twitter le haría destacar.

El otro gran escollo es que no se puede dejar que la presencia en línea menoscabe la producción más tradicional. Blog y Twitter, sí, pero asegándonos de que esas contribuciones al conocimiento reflejan y/o remitan a tu trabajo en conjunto. Ningún comité va a considerar que un blog sea equivalente a un manuscrito, pero muy bien podría gustarle ver un blog que redondea el resto de lo que haces. Pero no dejes que el trabajo en linea te chupe todo tu tiempo.

Y hay una noticia de última hora: internet está aquí para quedarse. La profesión aún no se ha puesto al día con sus implicaciones, pero debe hacerlo, y pronto. Los jóvenes investigadores de hoy en día están en una zona imprecisa entre el pasado y el presente, pero esa misma vaguedad les ofrece una gran oportunidad para dar forma a la manera en que los historiadores utilizan esas nuevas tecnologías revolucionarias.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/12718

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