La Revolución Francesa (desde una perspectiva global)

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15 de octubre de 2013 por Acento Comunicación

Si la historia glogal es el campo de moda, entonces no extrañará que haya llegado también a uno de los objetos clásicos de la contemporaneidad: The French Revolution in Global Perspective, editado por Suzanne Desan, Lynn Hunt y William Max Nelson (Cornell University Press). Para valorar su contenido nos detenemos en H-Net, donde Edward J. Kolla (Georgetown University) reseña el volumen para H-Diplo. Dada su extensión, entresacamos los párrafos más significativos:

1

 

Pierre Serna termina este volumen con la afirmación provocadora de que la “[r]evolución nunca se repite, ya que no se acaba nunca” (p. 182). Recientemente, muchas partes del mundo se han visto sumidas (¿de nuevo?, ¿como siempre?) en revueltas populares y revoluciones. Con un alcance que va desde el Medio Oriente y el norte de África hasta América del Sur, y más allá, quizá sea el momento oportuno para investigar sobre el prototipo de revolución, la francesa de 1789, desde una perspectiva global.

Esta excelente colección de ensayos -editada por Suzanne Desan, Lynn Hunt y William Max Nelson- no ha estado necesariamente inspirado por los acontecimientos actuales. En cambio, sus autores tratan de examinar “las respuestas específicamente franceses al proceso de la globalización”, con el objetivo de explicar por qué la Revolución Francesa, entre muchas otras, tuvo los mayores “efectos de largo alcance” (p. 4). Sostienen que las “causas, dinámicas internas y consecuencias de la Revolución Francesa surgieron en conjunto de la creciente participación de Francia en el proceso de la globalización” (p. 4). Este enfoque y su argumento no es del todo sorprendente dado, por ejemplo, el reciente énfasis sobre Santo Domingo en los estudios sobre la Revolución Francesa, pero también por la tendencia hacia lo global/ internacional/transnacional dentro de la disciplina histórica en general. Incluso con más audacia, los editores afirman que mediante el examen de “un marco global” es posible traer “de vuelta los factores sociales y económicos” para el estudio de la Revolución “sin abandonar el énfasis político y cultural”, salvando con ello los dos principales enfoques historiográficos y metodológicos que se han bifurcado desde el Bicentenario (p. 5). Como Michael Kwass afirma en su parte, reiterando el objetivo de unir análisis cultural, económico y político, “los desafíos no podrían ser mayores” (p. 15).

Estos ensayos comenzaron como conferencias en la reunión de 2011 del Consortium on the Revolutionary Era en Tallahassee, y en ocasiones reflejar sus orígenes: algunos carecen de la profundidad de la investigación original que muchos lectores pueden esperar o desear ver; otros son tratamientos “seguros” de material que quizá no sea novedoso ni innovador. A veces, el vínculo de un ensayo con el tema de la globalización o con la perspectiva global es débil. Además, como sabe cualquiera que haya tratado de organizar o comentar una mesa que reúna estudios vinculados por asuntos tan amplios como “la Revolución Francesa” y “la globalización”, la materia y la metodología tienen un alcance muy amplio. Una consecuencia de esta diversidad es que la agrupación de los ensayos en tres secciones (¿o paneles?) puede parecer confusa, cuando no arbitraria. Dicho todo esto, algunos de los ensayos son, a título individual, absolutamente piezas académicas de primer nivel y, tomadas en conjunto, la colección que la lectura sea estimulante y comprometida.

La primera parte del libro analiza los orígenes o las causas de la Revolución en un contexto global, que es la más clara de las tres divisiones. (…)

(…)

Los cuatro primeros capítulos, por tanto, comparten una lógica similar con respecto a los orígenes de la Revolución. Estos ensayos no desplazan ni alteran la creencia actual, basada en el análisis político cultural, de que fueron varios los factores que condujeron a unos progresivos desprestigio y deslegitimación de la monarquía y a un aumento de la demanda simultánea en favor de la rendición de cuentas, si no de la representación. En cambio, estos ensayos, aunque a veces son brillantes y convincentes, simplemente piden a los historiadores que busquen tales factores “más allá de las fronteras de Francia” (p. 70).

La sección central tiene el título más confuso -”Dinámicas internas”- incluso aunque entre sus ensayos estén algunos de los mejores. En su capítulo firmemente argumentado y ampliamente documentado, Nelson anima a los lectores a reflexionar sobre el papel de la “larga historia de colonialismo” durante la Revolución Francesa (p. 74). El autor muestra cómo los líderes revolucionarios como el abbé Grégoire recogieron la idea de “regeneración” (p. 75) -que tenía una historia antropológica, etnográfica y política en el contexto colonial francés- y lo aplicaron a la Francia revolucionaria y sobre todo al campesinado francés. Nelson va más allá de las colonias para vincular estas ideas no solo (y no es sorprendente) a los discursos ilustrados, sino también (y es muy impresionante) a la Contrarreforma católica, , a la temprana filosofía moderna de la educacióna y al republicanismo clásico. Cómo esta dinámica es interna, e interna a qué, no lo sé -pero es una gran historia.

En el capítulo 6, el de la igualmente excelente contribución de Desan, se investiga cómo el que en agosto de 1792 se concediera la ciudadanía francesa y los derechos políticos a los extranjeros refleja las aspiraciones universales de la República, especialmente en lo que se refiere a la renuncia a las guerras ofensivas y a las conquistas. (…) No voy a tratar de resumir su sofisticado análisis en una frase concisa o dos -no porque le falte claridad, todo lo contrario, sino porque dudo de que le hiciera justicia. Sin embargo, quiero poner de relieve la representación de la “construcción híbrida” de la universalidad revolucionaria a través de una interacción entre pueblos locales y específicos y no simplemente al nivel de la filosofía de alta ilustración, que es en mi opinión la mejor joya conceptual de cómo acercarse a una perspectiva global en este libro (p. 87).

(…)

La tercera sección del libro se llama “Consequences” y una vez más me encuentro con un apelativo engañoso y considero que podría ser más apropiado, aunque más soso, si se hubiera etiquetado como “Case Studies”. Ian Coller comienza con un análisis de la invasión francesa de Egipto que, aunque no se opone directamente a la ortodoxia orientalista de Edward Saïd (Orientalismo, 1978), tiene como objetivo mostrar las relaciones políticas y económicas entre Egipto y Francia antes de la conquista, y las similitudes entre Egipto y otros territorios franceses conquistados. (…)

Miranda Spieler y Rafe Blaufarb proporcionan dos casos de estudio más globales, sobre América del Sur y del Norte, respectivamente. Spieler examina la Guayana Francesa (…) Blaufarb, por su parte, se posiciona en contra de la opinión tradicional de que las guerras revolucionarias francesas pusieron en peligro a la nueva y débil república estadounidense. (…)

Por falta de conocimientos y de audacia, no voy a abordar la “Coda” de Pierre Serna, en la que sostiene que “toda revolución es una guerra de independencia” -excepto para señalar que, después de haber oído a David Armitage en el Consortium de 2009 defender que “toda revolución es una guerra civil”, claramente se trata de un foro para las grandes ideas!

En su conjunto se trata de una colección encomiable, sobre todo por su intento de examinar la Revolución Francesa en el contexto de la “globalización.” Sin embargo, tengo tres preguntas en torno a este proyecto, tal como ha sido concebido y ejecutado. En primer lugar, aunque los editores en la introducción y algunos contribuyentes individuales hacen apuestas historiográficas (recuerde, podrían “no ir más allá”) en pro de una perspectiva global y de cómo casar el análisis político y cultural con los antiguos enfoques sociales y económicos, no demuestran con eficacia que esta perspectiva global sea mejor o incluso ideal para esta tarea. Sí, algunos de estos ensayos hacen avances hacia este objetivo, pero no más que otras investigaciones en curso y exclusivamente “domésticas”, como por ejemplo los recientes trabajos sobre la cultura y el discurso de ideas económicas como la deuda, la propiedad, y similares.

En segundo lugar, el marco “global” de referencia de este volumen es claramente el imperio. Los editores lo argumentan en la introducción, y se nos dice que el primero de los dos mapas es de los “Imperios y sus colonias en 1785″ (p. 12). El imperio es, de hecho, un referente a través del cual examinar la historia mundial, pero sin duda no es el único. Si los historiadores de la Revolución Francesa quieren verdaderamente entablar una conversación con y descubrir nuevos puntos de vista en la historia mundial, tienen que utilizar otros prismas de análisis que sean comunes a este campo, tales como los flujos de materias primas no imperiales; la migración, ya sea a corto plazo, como las peregrinaciones religiosas, o de más largo plazo; la religión en general; la historia natural y del entorno.

Por último, a pesar de sus muchos puntos fuertes, este volumen podría ser más claro acerca de si sus autores se proponen examinar y obtener conocimiento a partir de causas , efectos y consecuencias globales, así como si “lo global” está afectando a Francia o viceversa en todos los casos. En la introducción, por ejemplo, se da a entender que tenemos que mirar fuera de Francia para entender los orígenes de la Revolución; más tarde se dice que los historiadores no han “hecho más que empezar” en el examen del “impacto” de los “movimientos internacionales en Francia” (p . 2). Así, el asunto parece ser el del impacto de “lo global” en Francia. Sin embargo, no es necesario que las causas globales impliquen también efectos globales; especialmente los últimos cinco capítulos son tanto sobre el impacto de Francia en “lo global” como al revés. Por otra parte, como muestran muchos de estos excelentes ensayos, había claramente un circuito de retroalimentación global/nacional -factores globales que ayudan al estallido de la Revolución, que luego pasa a tener efectos globales, que a su vez reimpactaron en Francia- en lugar de una simple transmisión en un sentido u otro. La actualidad nos muestra lo mismo, con las causas y efectos de las “revoluciones” de la Primavera Árabe (entre muchas, muchas otras causas y efectos).

Esto puede parecer obvio si la crítica quisquillosa que hago es solo como un “siguiente paso” en el camino que este volumen tan admirablemente nos anima a tomar. Muchos de estos ensayos vale la pena leerlos por sí mismos, así que reunirlos en un solo lugar hace de este libro una lectura muy recomendable. Pero lo que más me gustó de este trabajo fue la manera en que los historiadores de la Revolución Francesa intensifican la difícil tarea de esclarecer los complejos y complicados orígenes y efectos del acontecimiento con una perspectiva mucho más global que nunca.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/12606

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