Isaiah Berlin e Isaac Deutscher: rivalidades de la guerra fría

Deja un comentario

1 de octubre de 2013 por difundimos

Entre las parejas contrapuestas de la posguerra británica estuvo la conformada por Isaiah Berlin e Isaac Deutscher, cuyas rencillas son ya parte de la historia. Pero no es lo mismo verlas diseminadas por aquí y por allá que leerlas compendiadas en un volumen. Es lo que ocurre con Isaac and Isaiah: The Covert Punishment of a Cold War Heretic (Yale UP), obra de David Caute. Dado el asunto y el morbo que suscita, la obra ha tenido diversas glosas, mucho antes incluso de que saliera al mercado, en plena canícula.

1

 

Uno de los comentaristas más acerados ha sido Tariq Alí , que se despachó a gusto en las páginas de The Guardian el pasado junio. Afortunada y certeramente, los responsables de Sinpermiso ya nos han ofrecido la correspondiente traducción. Dado, pues, que es innecesaria otra versión, paso a ofrecerles un cierto contrapunto, el que ofrece la pluma de John Gray. En su caso, analiza para Literary Review dos obras y no una: la ya citada y Building: Letters 1960-1975, del propio Isaiah Berlin, editada por Hardy y Mark Pottle (Chatto and Windus). Así pues, nos quedaremos solamente con la segunda parte de esta reseña doble, la dedicada a Caute:

(…)

La emergencia de Berlín como uno de los principales intelectuales públicos de Gran Bretaña se produjo junto a la intensificación de la Guerra Fría. Teniendo en cuenta su trabajo en tiempos de guerra y los continuos contactos con diplomáticos y políticos británicos, estadounidenses e israelíes, quizás era de esperar que algunos le vieran como alguien que disfrutaba en exceso de una conexión cercana con el poder. En años posteriores,s e convirtió para sus más imaginativos detractores en una figura ligeramente siniestro, un pedante Maquiavelo que movía los hilos en secreto trás la escena. Isaac and Isaiah, de David Caute, pueden haber sido escrito para apoyar este punto de vista, pero en muchos aspectos se puede leer como una defensa de la coherente integridad de Berlín. Como escribe Caute, “mientras que Isaiah Berlin tendió a ser consistente en sus valores primordiales en cualquiera de los medios que eligió -libros, ensayos, conferencias, difusión, artículo de periódico-, había varios Isaac Deutschers”.

Es un comentario que recoge las paradojas de un libro bien equilibrado, informativo y vivo, que hace un interesante uso de los recuerdos de Caute de las conversaciones que mantuvo con Berlín cuando ambos eran compañeros de All Souls en la década de 1960 (Caute renunció a su beca en 1965). El último y breve capítulo reproduce cartas entre Berlin, la Universidad de Sussex y otros que, piensa Caute, tienden a apoyar la acusación de que Berlín vetó la biografía de Trotsky de Isaac Deutscher para una plaza en el departamento de estudios soviéticos en la universidad, donde Berlín era coo miembro externo del consejo asesor académico. Centrándose en la animosidad personal y política de Berlín a Deutscher -que Berlín reconoció libremente en su respuesta a las autoridades Sussex- Caute parece decidido a defender la concepción heredada de la izquierda, de la que se hace eco en el subtítulo del libro, según la cual Deutscher figura como un mártir intelectual de la Guerra Fría. Irónicamente, el relato que presenta Caute socava este punto de vista en todos los puntos importantes.

Berlín siempre mantuvo que él no habría puesto ninguna objeción a la designación de Deutscher como profesor de estudios marxistas -era la solicitud de Deutscher como especialista soviético lo que no podía soportar. Viendo a Stalin (en palabras de Caute) como “un heredero legítimo de la obra de Lenin”, Deutscher siempre evitó cualquier mención al Gulag. “En el índice de Stalin, anota Caute, hay un vacio en torno a “campos”, “campos de concentración”, “campos de trabajo”, “trabajos forzados”, “Gulag”, “sistema penal”, “prisiones”, “justicia”, “servidumbre penal”, “tribunales”… Incluso antes de la Segunda Guerra Mundial, la propia prensa soviética había barajado la cifra de 250.000 presos que trabajaban en el Canal Mar Blanco-Mar Báltico. Menos sincero sobre los más grandes crímenes del Estado soviético que los propios medios de comunicación fuertemente controlados por el régimen, a Deutscher -que viajó a Rusia y Ucrania durante la era de Stalin y, sin duda, sabía de la atroz represión que estaba en curso en aquel momento- sólo le interesaban las víctimas comunistas de las purgas, que estimaba en miles. “El terror”, escribió Deutscher, “se elevó a genocidio político: destruyó toda especie de bolcheviques anti-estalinistas”. Los millones que languidecieron y murieron en los campos -registrados después de la guerra por la American Federation of Labor, incluyendo socialdemócratas, liberales, miembros activos de organizaciones sionistas, judías y bundistas, teósofos, industrialistas, armadores, propietarios de hoteles y restaurantes y otros -ni siquiera se mencionan. A Deutscher “no le afectaban” esas personas, observa Caute. “Después de todo, una revolución no es una excursión (teddy bears’ picnic)”.

2

 

Como reflejo de ese liberalismo ruso anti-sacrificial que era parte de su naturaleza, Berlín se preocupaba por esos seres humanos. Era muy probable que esa fuera la preocupación que había trás su descripción de Deutscher, en su carta a Sussex, como “el único hombre cuya presencia en mi misma comunidad académica encontraría moralmente intolerable”. Berlín creía que la manera en la que Deutscher desatendía la magnitud la represión soviética comprometía su capacidad para enseñar estudios soviéticos de una manera intelectualmente rigurosa. Curiosamente, Caute guarda cierta distancia a la hora de respaldar la opinión de Berlín. “¿Podemos imaginar fácilmente a Deutscher repartiendo blbbliografía sobre estudios soviéticos a los especialistas de la guerra fría”, se pregunta retóricamente, “a Wolfe, Schlesinger, Kennan, Fainsod, Laqueur, Schapiro, Ulam, Katkov, Seton-Watson, Mantenga, Zeman, Utchein, Hayward? ?A Berlín y Popper? Me parece dudoso”.

Como Caute también advierte, el fracaso de Deutscher a la hora de conseguir el empleo en Sussex no es que lo dejara sumido en la pobreza y en la oscuridad. Estaba ganando un sustancial dinero con el periodismo: “su mesa estaba llena de facturas, extractos de su agente, listas manuscritas de las ganancias”. Si hubiera conseguido la plaza de Sussex, el célebre biógrafo de Trotsky podría haber sufrido una merma en el nivel y en la calidad general de su vida. “Preparar listas de lecturas, corregir trabajos, poner exámenes, ir a reuniones” podría ser algo así como una humillación para quien estaba disfrutando de su “emergencia como celebridad pública ya en la vejez”. Resumiendo el asunto, Caute concluye: “Si dejamos de lado los motivos de Isaiah Berlin, pudo haber hecho a la Universidad de Sussex, o a sus estudiantes, un pequeño favor”.

No es necesario dejar de lado los motivos de Berlín, que eran consistentes con los puntos de vista morales que expresó durante toda su vida. Si bien pudo no haber vetado la plaza en Sussex, debía saber que su carta tendría el efecto de negarle a Deutscher una plaza en los estudios soviéticos en el centro -y posiblemente en otros lugares. Si es así, Berlín actuó honorablemente. Darle a alguien con el historial intelectual de Deutscher una plaza en estudios soviéticos habría sido una farsa. La ironía del asunto radica en su impacto sobre el propio Deutscher. A pesar de su tardía celebridad, era una figura insignificante, que carecía de los dones académicos de otros historiadores marxistas como Hobsbawm y que ha desaparecido pronto de la memoria. En cambio, mientras omitía con magistral indiferencia la masacre en masa en países lejanos, Deutscher se convirtió en una aclamada víctima de la persecución liberal -a teddy bears’ picnic, si es que alguna vez hubo alguno.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/12093

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

APHU

18 de Julio 1825 apto.401 / Telefax 2401 4774 / HORARIOS: Miércoles y Viernes de 10.00 a 18.00 Hs. Skype: APHU.Uruguay

Asóciate a la APHU

Novedades por Whatsapp

Ingrese su correo electrónico para recibir las novedades de la APHU por email

Publica en la Revista

AHORA PUEDES PUBLICAR EN LA REVISTA DE LA ASOCIACIÓN

Ofrecemos a nuestros colegas (ya sean nacionales o extranjeros) la posibilidad de publicar artículos de investigación en nuestra REVISTA, la que cuenta con ISBN. Estos trabajos son revisados, previa publicación, por un comité de lectura compuesto por excelentes académicos del país. Por mas info click aquí

A %d blogueros les gusta esto: