La fabricación del París revolucionario

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13 de julio de 2013 por difundimos

21/06/2013

Hace casi una década el historiador David Garrioch publicó The Making of Revolutionary Paris (UCPress). Es el tiempo que ha transcurrido hasta que ha aparecido la versión francesa, de la que se ocupan en las páginas de Le Monde.

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Se nos indica allí la pretensión del autor: “quiere entender, con inmersiones antropológicas, demográficas, económicas, sociológicas y culturales, cómo Paris, la ciudad por excelencia de la Europa monárquica e ilustrada, próspera, refinada, erudita, tolerante, se convirtió en la capital insoportable, politizada, colérica, perpetuamente en crisis, plagada de disturbios o convulsiones revolucionarias. Este no es un tema nuevo, ya que está, tras la misma revolución, en el centro de las preguntas de los historiadores sobre el misterio de sus orígenes”.

Para aclararlo, en el propio Le Monde entrevistan brevemente a Garrioch:

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La Fabrique du Paris révolutionnaire  es el primer libro publicado en Francia por David Garrioch, profesor de historia europea en la Universidad de Monash en Melbourne, pero este no es el primero que dedica a la Revolución Francesa, asunto que le interesa principalmente. De hecho, es uno de los muchos autores anglosajones (como los estadounidenses Steven Kaplan y David Bell) que han renovado la historiografía de este período clave.

Para entender la revolución parisina, dibuja una historia de relaciones sociales de más de un siglo. En su pluma, vemos eclipsarse una sociedad enteramente  basada en la costumbre y la jerarquía, y cómo emergen las aspiraciones y creencias individuales. ¿Cuáles son los elementos clave de esta transformación?

Es una transformación en todos los ámbitos: en la vida material, religiosa, social, en las formas de vivir y de trabajar,  en las relaciones familiares. En pocas palabras, es el paso de un sistema a otro. Por supuesto, la sociedad de la costumbre estaba lejos de ser inmóvil, pero funcionaba de acuerdo con unas normas reconocidas y compartidas. Pero en el siglo XVIII, las reglas del juego están cambiando. Vemos, por ejemplo, el lento triunfo de una igualdad ante la administración sobre la que insiste cada vez más la policía parisina, que soporta que de la nobleza se evada, pues este privilegio impide la eficiencia administrativa. Pero a la policía no le gusta la justicia colectiva, que, para ella y aún más para los burgueses de París, el desorden. Y, sin embargo, esta misma policia sólo puede funcionar si no es con el consentimiento y el apoyo de la comunidad local. La transformación de un sistema a otro es lenta y desigual, a veces con consecuencias paradójicas.

El ejemplo de la policia pone el acento en  el papel y desarrollo del Estado, pero hay que buscar las fuentes del cambio de las relaciones sociales en varios niveles a la vez. Las mejoras materiales del siglo XVIII (que permiten a los pobres  sobrevivir, aunque en la miseria) proporcionan una comodidad cada vez mayor a las clases medias, pero también permiten a los jóvenes obreros y a muchos artesanos ganarse bien la vida. Los nuevos conocimientos científicos incitan a las gentes educadas -que cada vez son más- a creer que es posible una vida mejor. Se valora la innovación, en un momento en el que el comercio ofrece novedades de todo tipo. Pero la transformación de las relaciones sociales se produce también en el espacio. El barrio es el lugar donde predomina la cultura habitual y colectiva. Pero la movilidad -real e imaginaria- lo destruye. Ahora se mueven más allá, tanto para el ocio como para el trabajo. Las nuevas prácticas urbanas de la lectura, de las “sociedades”, del teatro, permiten también viajar en espíritu, descubriendo otras formas de legitimación. En este sentido, la ciudad es un espacio transformador, no sólo la escena donde pasan las cosas. En todos los niveles, se trata de una transformación tanto mental como física.

Usted habla de la aparición de una “cultura metropolitana”: ¿Qué entiende por este término?

Es una manera de vivir y de ver el mundo que se está extendiendo en el siglo XVIII y que comparten cada vez más los parisinos educados. Se caracteriza por las nuevas formas de sociabilidad basadas en la cortesía, por un espíritu que dice ser racional y cosmopolita, y por una cultura material que valora la novedad. Se opone a una cultura antigua, la de la costumbre, que no distingue el reino de los cielos del de la tierra. Escogí este término en parte debido a que no está conectado con ningún grupo social -es un fenómeno amplio, con variaciones en función de la riqueza y el estatus de cada uno, pero hay también nobles y burgueses que no lo comparten. Pero sobre todo porque evoca la ciudad: es una cultura urbana, que corresponde a ciertos usos del espacio de la ciudad.

¿Cuál es la década crucial para usted? ¿Podemos decir que, mucho antes de 1789, París llevaba el germen de la revolución?

Las transformaciones de la sociedad parisina del siglo XVIII son progresivas. Si, en relación con un cambio en particular, he privilegiado un cierto momento -la década de 1750 para las nuevas imágenes de la ciudad, la década de 1770 para la medicalización- es porque se distingue claramente el fenómeno en este momento. Pero, a menudo, el cambio se funda en una evolución anterior.

Traté de rastrear los orígenes de la revolución parisina, no sólo la de 1789 sino también la de la década de 1790, pero quería hacer hincapié en que en ningún momento la revolución era previsible. Los acontecimientos de 1789 han ayudado a dar la forma posterior, pero dentro de los límites establecidos por las transformaciones anteriores.

La Revolución Francesa es objeto de muchas investigaciones en el mundo anglosajón. ¿Por qué este siempre renovado interés por este período de la historia?

Las razones no son las mismas en todas partes: el mundo anglófono está lejos de ser uniforme. En los EE.UU., la Revolución Francesa está estrechamente ligada a la Revolución Americana, a la fundación de la nación. desde luego, se reconoce la influencia global de la Revolución Francesa. Pero lo que siempre fascina es la cuestión de saber  si es realmente posible reconstruir una sociedad de arriba a abajo.

>> extraído de: http://clionauta.hypotheses.org/11315

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