La vocación americana de España

Deja un comentario

24 de febrero de 2013 por difundimos

14/12/2012

24

¿Cipango o las Indias?

Tras el descubrimiento por parte de Cristóbal Colón (1492 -1504) de las Indias Occidentales (San Salvador, Cuba, La Española, San Juan Bautista, Santiago, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y la desembocadura del río Orinoco), otros le siguieron: el británico John Cabot reconoció la península del Labrador y la isla de Terranova (1497), Álvarez Cabral llegó a las costas del Brasil (1500), Ponce de León descubrió la Florida, Vasco Núñez de Balboa penetró en la Mar del Sur (1513), Magallanes descubrió el paso de la Mar del Sur (1518) y su sucesor en el mando, Juan Sebastián Elcano, dieron la primera vuelta al mundo (1522) tras partir 5 barcos, 237 años y tras tres años regresar únicamente con 1 barco y 22 hombres. Por su parte el francés Cartier arribó al río San Lorenzo (1534-1536), Orellana descubrió el río Amazonas (1541), el británico Davis exploró Groenlandia y la Tierra de Baffin (1586) y los puritanos británicos en el barco “Mayflower” llegaron a Plymouth (1620).
A esto le sucedieron a su vez los hechos de armas. Hernán Cortés exploró y conquistó el Imperio Azteca (1518-1543) en Norteamérica, mientras que Francisco Pizarro y Diego de Almagro descubrían y conquistaban el Incanato (1531-1541) en Suramérica, donde también los españoles Diego de Almagro, Pedro de Valdivia y Hurtado de Mendoza descubrían y conquistaban, en dura lucha, Chile (1535-1558). En Europa, mientras tanto Portugal se anexionó a la Monarquía Hispánica (1580-1668), se reconocía la presencia británica en la isla de La Española/Jamaica (1670) y los enemigos de España confabulaban para repartirse el magnífico imperio donde jamás se ponía el sol (1698) sin éxito, aprovechando la segura desaparición de la Casa de Austria del solar hispano tras la Guerra de Sucesión en 1714.
A nivel legislativo, España fue a la vanguardia del mundo de su época. Tras el favorecedor Tratado de Tordesillas (1494) por el que a 350 leguas de las islas portuguesas de Cabo Verde todo era territorio español y que fue el motor legal de la expansión hispana, se redactaron una serie de leyes para regular semejante gesta. En 1512 se promulgaron las Leyes de Burgos en las que se trata fundamentalmente de la función del Encomendero, consistentes en el adoctrinamiento del indio a cuenta de asentarlo en poblaciones nuevas, darle una vestimenta, alimentación, cama y condiciones laborales dignas, entre otros asuntos. Ya en fecha tan temprana como 1524, se creó el Consejo de Indias, compuesto de 8 consejeros y cuya su labor consistió en preparar leyes y ordenanzas del gobierno indiano, redactar la correspondencia administrativa, enlazar con la Casa de Contratación, proponer los cargos de funcionarios al Rey y ser el último tribunal de apelación. También en Indias se crearon administraciones: se fundaron las Reales Audiencias de Santo Domingo (1526), México (1527), Panamá (1537), Lima (1542), Guatemala (1542-1543), Nueva Galicia (1547-1548), Santa Fe de Bogotá (1548-1550), Charcas (1559-1561), Quito (1563-1564) y Chile (1565). Cada audiencia estaba compuesta de un Presidente -si la sede coincidía con la capital del virreinato éste era el Virrey-, un Capitán General y un número indeterminado de oidores, sus poderes son judiciales como tribunal de la última instancia en territorio indiano -por encima de corregidores y alcaldes mayores-, gubernativas y administrativas con el control de los funcionarios, consejera del Virrey e incluso asumir el papel de éste en su ausencia. Además se fundaron ciudades principales de América del Sur, como el Caso de la Ciudad de los Tres Reyes (Lima) por Pizarro en 1535 y Pedro de Mendoza la de Buenos Aires en el estuario del Plata. Por último –en 1542- se aprobaron las Leyes Nuevas de Indias donde la Corona intentó eliminar el artículo 40 para eliminar la titularidad de la Encomienda por heredad o donación por parte del Encomendero –algo que la realidad indiana se opuso- y la dulcificación de la figura del indio cambiando la contribución laboral forzosa por otra de pago de un tributo; asunto que no se produjo en las zonas mineras.
A nivel económico, se fundó la Casa de Contratación, en Sevilla (1503) que controló el tráfico de mercancías y de personal entre Europa y Ultramar por medio de la Flota de Indias y tres años después se introdujo la caña de azúcar en las Antillas, donde era necesario la participación de una media de 120 personas y unos 3.000 bueyes, además de carretas y otras infraestructuras, para la puesta en marcha de un ingenio de azúcar. Ya en 1530 los portugueses abren al mano al establecimiento de esclavos negros en Brasil (España lo tenía prohibido) y en 1545 comenzó la explotación de las minas argentíferas del Potosí que -gracias al proceso de amalgamación al aplicar el mercurio a el mineral de oro o plata lo que ayudaba a una extracción más limpia del mismo- se extrajo una cantidad ingente de estos metales que influyeron decisivamente en la economía europea durante siglos.
La Cultura trajo también sus frutos y ya en 1507 -Martín Walldeseemüller- publicó la Cosmographie Indroductio, aplicando por vez primera el nombre de “América”. Este cosmógrafo empleó los informes de Américo Vespucio, navegante italiano, en la redacción de su obra. Poco más tarde (1526) Gonzalo Fernández y de Oviedo escribió la Historia General y Natural de las Indias, donde describió la flora, la fauna, geografía y costumbres indígenas. La Universidad no se quedaba atrás y en 1538, en la isla de La Española, se fundó la primera de toda América, a las que les siguieron las de Lima (1551) y México (1553). Las universidades, regentadas por franciscanos y dominicos, impartieron materias de Teología, Derecho Civil y Canónico, Medicina (tradicional e indígena), Lengua (española e indígenas).

El redescubrimiento de América

América, que no había dejado de experimentar la depresión del siglo XVII, experimentó también como Europa, incluso con más ímpetu, el impulso vigoroso del siglo XVIII. Había, pues, cierto paralelismo entre ambos continentes a pesar de sus diferencias, ya que el Nuevo Mundo se sometía con docilidad a las directrices de la vieja Europa: emigrantes blancos y negros, economía y guerras sujetas a las de sus metrópolis, firma de tratados, etcétera. Muchas luchas geoestratégicas dirimidas en Europa, tenían su reflejo como sujeto pasivo y activo en Indias. Además, la unión dinástica franco-española bajo la Casa de Borbón, aumentó la rivalidad inglesa por hacerse cargo de las riquezas innegables venidas de las Indias. Del oro brasileño disfrutaba a través de sus amigos portugueses que –tras conciliarse con ellos- ya no sufrieron los ataques holandeses del siglo XVII y se lanzaron a una política de ofensiva territorial interior hacia el Río de la Plata, tal y cómo se vio a principios del siglo XIX.
Durante la Guerra de Sucesión a la Corona, buques franceses abastecieron a los virreinatos españoles, a pesar de las reticencias locales y el Tratado de Utrecht sólo trajo el permiso de entrada de esclavos negro por parte de británicos, la desaparición de piratas y filibusteros y el asiento de ingleses y franceses en aquellos territorios ocupados antes por sus corsarios (Jamaica, Belice, Haití, Guayanas, etc.). En el conjunto de toda América era poca cosa. El gran problema estribaba en el tráfico de contrabando que se hacía desde todos los puertos españoles con la convivencia de las autoridades locales, frente al rígido sistema monopolístico que ofrecía Cádiz. Tras roces hispano-británicos de baja intensidad, la Guerra de Jenkins (1737-1741) oficializó el conflicto que acarreó los ataques del almirante Vernon a Portobello y Panamá, fracasando estrepitosamente en Cartagena de Indias ante el magnífico Blas de Lezo. Comenzada la Guerra de Sucesión a la Corona imperial de Austria en el viejo continente, las cosas quedaron como estaban en Indias, llegando lo ingleses a perder el innoble comercio de esclavos. Recomenzadas las hostilidades tras el Tratado de Familia con Carlos III (1761-1763), los anglosajones tomaron por sorpresa La Habana y Manila, perdiendo ambas poco después en la Paz de Paris. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con las Malvinas, dándose cuenta la Monarquía Católica del peligro que representó la expansión comercial británico en detrimento del peso de Francia.
Las revoluciones atlánticas no tardaron en llegar. Tras la independencia de las Trece Colonias anglosajonas de América del Norte (1776) y la consiguiente Revolución en Francia (1789), negros nubarrones se cernían para todos en el mundo occidental. Un nuevo régimen político –al frente del cual se puso el corso Napoleón Bonaparte- tomó el mando de dicho movimiento y se lanzó a la invasión de Europa. La agotada España y su imperio ultramarino eran demasiado apetecibles. La incapacidad el rey Carlos IV junto con la ambición de su ministro Godoy provocaron la entrada en España de la Guerra contra la Convención francesa en 1793, para más tarde unirse a la Francia revolucionaria primero e imperial después en su lucha contra Inglaterra por medio de la firma de los tratados de San Ildefonso en 1796 y de Fontainebleau en 1807 –respectivamente- con resultados siempre negativos para la Corona española.
La dominación napoleónica no se detuvo en los Pirineos y con el subterfugio de doblegar a Portugal para cerrar completamente el bloqueo continental contra Inglaterra, invadió España. Mientras tanto el Príncipe de Asturias, Fernando de Borbón, dio un golpe de fuerza contra su padre el rey Carlos IV –Motín de Aranjuez- en marzo de 1808. Pero Napoleón, más sagaz, aprovechó el litigio gubernamental español y el ansia de reconocimiento como monarca del Príncipe, atrajo a toda la Familia Real Española a la ciudad francesa de Bayona e invitó a abdicar a Carlos IV en su hijo Fernando VII y éste sobre el hermano de Bonaparte José I.
Los americanos se encontraron con una situación realmente inusual en los trescientos años de vida que tenían como súbditos de la Monarquía Católica. Su representante el rey Fernando VII de Borbón, fue sustituido por el jefe de otra casa real de nuevo cuño coronando a la fuerza un nuevo monarca extranjero, José I de España. Semejante situación, desarrollada sucintamente con anterioridad, conllevó a un replanteamiento de lo público en todos sus súbditos de Ultramar. Su rey había sido recluido y puesto en su lugar a otro que usurpaba la Corona que legítimamente le correspondía a Fernando VII. ¿Qué actitud debían tomar ante semejante acontecimiento? No existía prácticamente precedente alguno (a excepción de algunos paralelismos durante la Guerra de Sucesión) desde que se descubriera, conquistara y administrara por parte de los españoles esta parte del mundo.
La invasión por parte de “La Grande Armée” del territorio peninsular, unido a los éxitos napoleónicos en toda Europa, daba al Emperador una aureola de imbatibilidad y de permanencia en el tiempo realmente como para tenerla en cuenta. La posibilidad de que el general francés se apoderara, no ya sólo del pilar hispano del viejo mundo sino también del nuevo, fue el origen de temores y angustias que no carecieron totalmente de fundamento. De hecho, aunque si bien es cierto que los avances franceses en su acción conquistadora empezaron a resquebrajarse justamente cuando se enfrentaron a los españoles, su caída distaba mucho de llegar y en el momento tan sólo se leía por parte de Francia como pequeños e incómodos reveses.
Jamás arribó escuadra de guerra francesa alguna a las costas americanas y, puesto que carecían de flota (cabe recordar, nuevamente, la derrota franco española en Trafalgar frente a los británicos en 1804) y además sufrían un bloqueo importante en el continente europeo por parte de la poderosa escuadra inglesa. La excepción la protagonizaron las comunicaciones llegadas desde el gobierno afrancesado de Madrid, para que se obedeciera a las autoridades bonapartistas establecidas en el trono español y que fueron dirigidas a diversos personajes del Virreinato donde les conminaban a cambiar de obediencia.

La pérdida del ideal vocacional de España y su adiós a las Indias

Hasta 1815 las fuerzas realistas –fieles a S. M. el Rey de España- llevaron las de ganar en el conflicto civil hispanoamericano. El fenómeno juntero independentista había fracasado gracias a las acciones políticas, militares, sociales, económicas, culturales, religiosas, etcétera en todos los virreinatos a excepción del Río de la Plata y, la España peninsular, aunque agotada por la larga Guerra de la Independencia contra Napoleón (1808-1813) logró por esas fechas poner en marcha varias expediciones de castigo para pacificar la América continental.
Sin embargo, es ahora cuando el apoyo extranjero se intensificó. La nueva república anglosajona por medio de asesores y del modelo de su propia Constitución e Inglaterra con dinero, armas y tropas. La fuerza expedicionaria española (tras la de Morillo) que se iba a mandar fue abortada por el Levantamiento del capitán Riego (perteneciente a la Masonería inglesa y pagado por ésta) en 1820, además de las grandes campañas militares que los criollos llevaron a cabo con importantes figuras como Bolívar o San Martín en América del Sur.
El caso del Virreinato del Nueva España es la mezcla de esperanzas criollas y españolas –los liberales mandaron en España entre 1820 y 1823 en el llamado Trienio Liberal- por la causa emancipadora. El origen nació con la obligación al rey absolutista Fernando VII de Borbón aceptar la Carta Magna de 1812 y las consecuencias en política exterior, como fue la unión del general Agustín de Iturbide al jefe indígena Guerrero en la firma del Plan de Iguala en 1821, donde el General español estableció una Regencia a la cabeza de la cual él se proclamó Emperador. La Independencia es un hecho que se propagó poco a poco por todo el Virreinato que se fue desglosando. En 1824 Guadalupe Victoria proclama la República Federal de los Estados Unidos de México, separándose toda Centroamérica de ella. Con anterioridad (1819) La Florida la vendió la Corona Española a los EE. UU. y la Capitanía General de Cuba continuó en manos españolas hasta finales de centuria.
Por otro lado, el oficial español pasado a las fuerzas insurgentes suramericanas, Simón Bolívar apodado “El Libertador”, había proclamado en el Congreso de Angostura, la Gran Colombia en 1814 a la vez que redactó su ideario político en Memoria dirigida a los ciudadanos de Nueva Granada por un caraqueño. Cuando dos años después regresó del refugio británico en el Caribe para desembarcar en – en Nueva Granada con el objetivo de atacar a las tropas realistas del general Morillo, contando para ello con el apoyo de los llaneros de Páez, la Legión Británica y los esclavos con la promesa hecha a estos últimos de liberarlos media que le enfrentó a la sociedad estamental criolla. Los independentistas obtuvieron la victoria en Bocayá en 1819 tomando Bogotá y la de Carabobo en 1821 que le abrió las puertas de Caracas, a la que se sumará la conquista, por parte del general Antonio José de Sucre de la ciudad de Quito, capital de su Real Audiencia. La nueva República la presidió Bolívar, con Francisco de Paula Santander como vicepresidente.
El general José de San Martín –que al final de la contienda, desencantado, emigró definitivamente a Europa- logró la total independencia del Río de la Plata a pesar de la crisis uruguaya (1817-1818), liberó Chile -tras aplicar un plan militar que ya se le ocurrió al virrey Abascal pero a la inversa- tras cruzar la fabulosa cordillera de los Andes por el paso de Uspallota y Los Patos y vencer con posterioridad a las fuerzas realistas en Chacabuco en 1817, Cancha Rayada y Maipú en 1818. Pacificada la antigua Capitanía General, puso al mando de la República de Chile al militar de origen irlandés O´Higgins.
Calmadas las cosas en el plano militar en el viejo virreinato de Nueva Granada, se entrevistó “el Libertador” en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil con el conquistador de la antigua Capitanía General de Chile, general José de San Martín en 1822. En esta ciudad portuaria se deliberó el futuro político de Suramérica con claro acento republicano frente al latente realismo del Perú y la regencia habida en México, destacándose Bolívar como el líder de la Emancipación Americana, unión efímera como se verá más adelante.
El bastión irreducible del Perú –gracias a la labor eficaz del virrey Abascal- fue tomado por mar tal y como se lo figuró el ya fallecido mandatario asturiano. La Armada británica al mando de Cochrane apoyó el desembarco en las costas de Ica para que San Martín venciese a los españoles americanos y europeos en las batallas de Junín primero y de Ayacucho, en la sierra, después en 1824. Todavía resistieron en la fortaleza peruana de El Callao y en el archipiélago chileno de Chiloé un núcleo de tropas españolas hasta 1826, sin olvidar las innumerables partidas guerrilleras realistas de tropas indígenas en el Alto Perú.
Las consecuencias que se derivaron de la emancipación de las Provincias Españolas de Ultramar fueron variadas –sociales, políticas y económicas- pero las dos más destacadas fueron la división en múltiples -tanto grandes como pequeñas- repúblicas frente a la unidad hispana y la injerencia extranjera en su suelo, empezando por los británicos y acabando con los estadounidenses.

>> extraído de: http://averiguelovargas.blogspot.com.es/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

APHU

18 de Julio 1825 apto.401 / Telefax 2401 4774 / HORARIOS: Miércoles y Viernes de 10.00 a 18.00 Hs. Skype: APHU.Uruguay

Asóciate a la APHU

Novedades por Whatsapp

Ingrese su correo electrónico para recibir las novedades de la APHU por email

Publica en la Revista

AHORA PUEDES PUBLICAR EN LA REVISTA DE LA ASOCIACIÓN

Ofrecemos a nuestros colegas (ya sean nacionales o extranjeros) la posibilidad de publicar artículos de investigación en nuestra REVISTA, la que cuenta con ISBN. Estos trabajos son revisados, previa publicación, por un comité de lectura compuesto por excelentes académicos del país. Por mas info click aquí

A %d blogueros les gusta esto: